Hecha arena, la calle. Un absurdo.
“Lo que nadie puede perder es la fe” pensaba en el colombiano mientras acariciaba a un perro vagabundo que dormía sobre la arena entibiada por el sol más grande que pueda verse. Pasaban dos señoras entradas en edad con aspecto representativo de la más alta burguesía francesa, y sonrían ante el perro que no concibe...