De la Ciudad Blanca a la de Furia
En la carta aún se podía leer: Como el temerario se lanza al incierto viaje, así me atreví a volar desde mi tierra envuelta por tres solemnes volcanes. (…) El clima hermano al cual he visto y respirado vestía su celeste abrazo y sus verdes ojos sobre su amplia y maciza arquitectura… ¡Oh rostro reluciente...