lamentableMente
Desde la ventana de su despacho, el doctor Mauro contempla a sus pacientes, dispersos por el jardín. El jardín de los enajenados, de las miradas ausentes, vacías, como si no hubiese nadie detrás de esas pupilas, de los tarados, de los que no encajan. A pesar de su agnosticismo se siente un Dios. Desde un...