Cuarenta años de profesión
Cuando le quité el pañal, los excrementos rebasaron por sus piernas, empapando las sabanas y mis manos, mientras un fétido olor inundaba mis fosas nasales, haciéndome contraer instintivamente todos y cada uno de mis músculos. A pesar de ser un ejercicio que había realizado cientos de veces, la náusea me invadió cegando mi razón y...