NADIE QUIERE MI TRABAJO.
Aquella noche, me tocó trabajar en la gran mansión de D. Ernesto de Lara, siendo esta velada de tormenta, abundante en lluvia y truenos. En la cama libraba una agonizante pelea por la vida el dueño de la casa, sus hijos apostados a ambos lados de la cama, no me dejaban ver al moribundo, no...