Los invisibles.
-Alberto, ¿sos vos?- su cara estaba repleta de asombro y los ojos casi se salían del hueco. -No sé quién es Alberto, basta, déjeme pedir tranquilo- Bajó su mirada con vergüenza, y sus manos, que hasta ese momento se encontraban a la intemperie en forma de hueco contenedor de monedas, se archivaron en los bolsillos...
