Plegaria
Ay divinas convulsiones de mis adentros Quebrar de mis paredes Temblor sísmico del ego No me arrojes como alga de marea En este devenir carnal desmesurado Sálvame de lo hirviente Pues sólo en la quietud mi alma yerga. Lo demás es esta loca hambrienta Que come de todo y se sacia de nada. Déjame helarme...