ARTURO
—-¡Ole,ole y ole! Sus dedos chasqueaban al ritmo de su cante. Arturo. Así se llamaba. Portero del edificio de la calle Soriano. Digo «del» edificio, porque el nuestro era un universo aparte,completo en sí mismo y Arturo,su alma. Su piel mulata, lustrosa, relucía sobre todo cuando cantaba canciones de Carmen Amaya. La Bailaora. —-Que sí,...