Sin perdón posible
Sentí ganas de volver a casa y meterme en la cama. Quedarme allí toda la tarde, toda la semana o toda la vida podía ser una buena solución. Esta vez no pensaba volver a perdonarte, esta vez no. Habíamos quedado a las cinco de la tarde, de un viernes de invierno, frío, lluvioso, en “El...
