Eva, Adán y el paraíso digital
Adán está tumbado sobre la cama. Cubre sus ojos con el brazo izquierdo, mientras su mano derecha descansa en su abdomen. Siente su propio diafragma; se contrae, se relaja. Siente el aire llenando sus pulmones. Es rancio, húmedo; simplemente, es necesario. Aspira lentamente, lo mantiene un par de segundos en su interior, y luego lo...
