La última vez que fui al taller
Entré al taller, fue imposible no sentirme impotente, su silla estaba vacía, ya no volverá. Me senté, intenté concentrarme en escribir, tomé el lápiz, abrí mi libreta y entonces una lágrima vino sin aviso. Todos estaban absortos en la música de fondo y yo me quebraba entre su ausencia y mi cobardía. De repente, Laura,...