Argumentum ad ignorantiam

Argumentum ad ignorantiam

J. A. Gómez

16/12/2020

Termina turno de réplica y por ende nada más que decirte a excepción de aquel berrinche puntual con diálogos de uno para con uno. Ayer burda majadería hoy charlatán encauzado en sensata plática tal cual fuese un inquieto asceta.

Ella es dubitativa incluso al recapacitar antes de sentenciar. Ni va de cara ni va de espalda porque no hace más que girar sobre la punta de sus zapatillas…

Escucho viejos vocablos cuan esquilón colgado de la oreja. Palabras acentuadas y sin acentuación pero términos a fin de cuentas, interactuando indiferentes a cualquier regla. Pienso en serpientes enroscadas que de repente se lanzan contra el cuerpo caliente del roedor despistado. Y pienso en anillos constriñendo dedos marcados por un matrimonio y cinco infidelidades…

No eres así ni queriéndolo empero los años te han macerado a conciencia, dándote regusto a taninos envejecidos. Degustando el gusto comprendo muchas cosas y al mismo tiempo ninguna. Nada tuyo lo es porque sí así que ya sabes, repasa la última lección de vida porque a lo mejor un día de estos te la tomo. Muéstrame como encontrar en el día a día una razón diferente a la rutina que me agarre a tu vera.

Compartamos esas enseñanzas baladíes en pos del aprendizaje mutuo ¿qué opinas? De darlo hecho podríamos convertirnos en casi cualquier elemento de la tabla periódica. Nuestros cómplices la eternidad y sus acólitos impávidos equipados con pistolas de agua. Carrera alocada, contrita, sin rumbo claro, bruño y tizón. Más allá de esa necesidad imperiosa por conocer cuanto nunca se ha conocido…

¡Oh perniciosa actitud! Aún cuando en estos desesperados anhelos queden relegadas partes de uno mismo, sin centelleo. ¡Bienvenidos al teatro heleno! Bola de nieve agrandada al rodar cuesta abajo y empequeñecida al rodar cuesta arriba.

Mis delirios cincelados por el mismísimo Miguel Ángel se debaten entre la cordura y ausencia total de la susodicha.

Conversas así a veces y a veces tuerces la cara porque de pies a cabeza resultas recalcitrante cuando te pones insoportable. Haz tuyas cien expresiones expelidas por cien bocas que no serán la mía ¡esto también lo sé!…

Nunca antes hablar sobre lo que debe ser dicho había creado tal conmoción. Sincerándote se apiadan tus lágrimas ¡míralas un segundo! Se deslizan por tu prístino rostro. Yo sólo puedo confiar en no ser culpable de tal desdicha.

No llores más pues llenos están los embalses y anegadas las praderas. No llores más pues aún dentro del hoyo más profundo se cuentan exiguas luces cetrinas. Tiemblan tus manos pálidas al sentir las mías ¿las has visto bien? Están más empalidecidas que las tuyas.

Pasión vesánica, ambivalente, marcadamente cosa de dos. Impotencia ante lo irrealizable y rabia contenida en tinajas fuera de contexto. Tal vez tú seas mi fragancia en la confusión, la misma que echa el cierre y tira la llave. ¡Allá voy a por ella! Por favor no seas así. No la lances demasiado lejos pues mis piernas avanzan sin moverse del sitio…

No más beber de frascos para volar a universos menesterosos y turbados. No más impregnarse con fragancias fecales como si ambientasen el lugar y el cuerpo con delicados aromas. ¡No! Basta de pensar en que todo tiene que tener un sentido de ser. Ya está bien de bosquejar medias sonrisas; de encontrar el porqué a las cosas, de observar el azul turquesa del cielo o de apretar torundas de algodón…

Sé tú a la que hablo, la misma del pelo rojo y canas azules en las sienes. Bella en la imperfección e imperfectamente hermosa.

Carácter patrio, silente y aullador. Yo también aúllo a la luna pero sólo cada vez que la veo martillear el cabecero de la cama. Quizás no recuerdes ciertas cosas o tal vez soy yo quien las ha aparcado en el olvido. No obstante nuestras estentóreas cabezas recordarán al abrigo de la compañía. ¡Ya lo verás! Por esto o por cualquier otra cuestión acabarás bebiendo de mi boca. Lo harás, ya lo creo que lo harás como antes he bebido yo de la tuya…

Rocío madrugador desubicado de la madrugada. Pudiente e hiriente atrapado bajo el asfalto que lleva a la ciudadela. Mirada pulcra sin pecado concebida y entonces guiñas un ojo y te echas a reír, mesándote el cabello.

Termina tu turno de réplica tan locuaz como sucinta; apenas sé que añadir. Desdeñarás con gesto de desprecio alabanzas ajenas por no ser las mías ¿verdad? ¿Verdad que lo harás?…

Despertarás bajo el cálido hábito del crepúsculo escuchando tejer con vivos colores y encendidas pasiones. Mujer de verdad mira en derredor, pon la oreja en el vano de la puerta y escucha mi penetrante llanto. Para mí quisiera guardar las lágrimas mas me cuesta retenerlas…

Abanderado en esta guerra, victorioso de ella pero no de mis fantasmas internos. Te necesito fuerte para serlo yo todavía más. Adalid de tus ejércitos, toma mis armas pues ya no las preciso al vivir tiempos de paz.

Déjame ser parte del conjunto sin disgusto. Permíteme ahogar dentro de mi garganta gritos insanos que buscan resquicios por los que emerger al exterior…

Termina tu turno de réplica tan locuaz como sucinta. Mujer encadenada que añoras años pasados y años venideros enganchados al delantal. No podrán alcanzarte pero tampoco dejarte atrás porque eres esperanza para el desesperanzado ¿te suena tal retahíla?…

Tal vez no seamos más que pesadillas examinándose entre dos sueños. Hasta puede que estemos tratando de hacernos entender pero evitando acercarnos en exceso…

Soy ese hombre a las doce en punto. Ese señor paciente y diferente aguardando en el banco de la plaza. Pienso en soltarme, desmenuzar cada ecuación pasada de petulancia. Pese a quién pese son tan suyas y tan mías que hasta el más reservado espíritu cree haber encontrado el lógico devenir de estos hechos.

¡Silencio mujer!, ¿vale? Cierra los ojos y respira vehemente. Trata de entenderme en cada gesto tuyo que acompaña a los míos. ¡Vistos y no vistos! A ratos huecos a ratos rellenos de sentimentalismos. Vuelta y vuelta mas ahora ¡me callo yo! Tómate la libertad para escudriñar más allá. Más lejos de lo normal, sobrepasando todo infinito perdido a más de metro y medio.

De modo alentador cualquier principio primigenio podrá desarrollarse sin incidentes. Desde el pañal de cuna al pañal del abuelo. Sabedor él de qué decir pero todavía más de qué callar…

Pasan de puntillas bajos perfiles y pequeños espacios arremolinados a tus caderas. Mujer dondequiera que estés vístete de honestidad y desvístete de prejuicios. Permíteme dejarte mis humildes ropajes porque es en tales acaecimientos ambos circulamos por la izquierda y desnudos por la vida. Los demás no podrán hacerlo, no, no podrán así pues intentará hurtar nuestro saco lleno de afectos y efectos. ¡No les dejes hacerlo!

Estas falsas banalidades suceden frecuentemente ¡ay si no! Damisela parlanchina, tú, reina mora incapaz de guardar silencio cuando se te bisbisea al oído. He acá el camino tantas veces construido; tantas vueltas dadas sobre sus cantos para terminar por no dejar ni una triste huella.

Te veo desde este improvisado puesto de mando, hablándome con señales de humo. Corriente arriba y corriente abajo las pujanzas flaquean velozmente. Aquí o allá es indiferente para alguien que como yo carece de nación propia. Me empeño en empujar por el carro del arriero envuelto en llamas, rodando por caminos de tierra levantada…

Pues sí, creo que me acercaré a la orilla para observar a aquella dama presente y divagante; distante y cercana, familiar y extraña. Desemejante a las demás e igual a ninguna. ¿Con cuál versión quedarme?…

Termina tu turno de réplica tan locuaz como sucinta. Por favor ten a bien platicar con mi persona. Hazlo atropellada y descuidadamente como huracán tocando tierra.

Sé que a veces puedo ser como una astilla clavada en tu mano. No obstante también sé que no puedes vivir sin ellas. Son esas cosas de la vida que pierden sentido común.

¡Silencio mujer! Hembra de mil rostros con cuerpo de señorita. ¡Silencio hombre! Atibórrate de ella, sin discusión y manifiestamente tuya…

Indivisible en centesimal debilidad, personaje zozobrado en marea baja. ¡Ay! Tarde acude el verano a nuestro balcón. Cuanto de tardía aquella gélida y lustrosa mirada abrasada al sentirse correspondida. ¡Ay! Pronto acude el invierno a nuestro balcón.

Sin embargo y pese a todo aquí estamos, abrazándonos para sentir el calor del otro ¿qué más podríamos pedirle a la vida?

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