Es inevitable. Cada vez que paso por esa plaza, nuestra plaza, algo en mí se detiene. El ruido de alrededor se diluye, el tiempo parece aflojar su marcha, y me resulta imposible no cerrar los ojos e imaginarme de nuevo allí. Me veo tumbada sobre el césped descuidado, sintiendo su aspereza contra mi piel, mirando un...
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