Bienaventurada la que quiso abrazar África desde Chile. Porque Dios cuenta también las misiones que no se pudieron hacer, cuando el corazón sí quiso ir. Bienaventurada la monja sin convento. Porque desde su mesa de jabones y libros en venta está haciendo misiones al mundo entero. Bienaventurada la que sale aunque le da miedo. Porque...
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