Nos reuníamos en la sala de mi casa sistemáticamente. Daniel, Roberto y yo. Disfrutábamos de la comida de mi esposa, de algún buen vino y del café. Pero lo esencial era conversar. Tres informáticos reunidos para componer el mundo. Daniel era un señor culto. Matemáticas, literatura, filosofía y hasta los intríngulis de lo esotérico los...
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