A Roberto le gustaba llegar primero al aula. Vacía, sin nadie. Así podía ver entrar a la profesora de Literatura, siempre fresca, siempre alegre, con aquella elegancia al caminar. —Esa mujer me fascina —se decía. —Hola, Roberto. Siempre tan puntual. —La estaba esperando, profe. Quiero preguntarle algo sobre el arte de escribir cuentos. Me imagino...
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