Jodidamente egoístas

Jodidamente egoístas

Ojo de Gato

02/08/2026

Uno nunca espera las noticias tristes, pero llegan.

Los amigos que alguna vez pasaron por nuestra vida y que después tomaron distintos rumbos, un día, sencillamente, ya no están.

¿Por qué no somos capaces de buscarlos?

¿Por qué escondemos los «te quiero»?

¿Por qué nos quedamos con los abrazos?

¿Por qué guardamos las llamadas en el cajón del velador?

¿Por qué postergamos las tazas de café, las caminatas por el parque y las charlas banales con ellos?

¿Por qué un «estoy cansado» pesa más que estrechar una mano?

¿Por qué, cuando estamos con ellos, les contamos todos nuestros problemas y ni siquiera les preguntamos cómo están?

¿Por qué dejamos de preguntarles si necesitan ayuda?

¿Por qué no nos interesa saber si requieren una palabra de aliento?

¿Por qué no nos importa saber por qué perdieron peso o engordaron?

¿Por qué, después de un par de tragos, llegamos al «yo te estimo», pero sin ellos somos incapaces de decirlo?

¿Por qué tenemos que esperar a que partan para extrañarlos?

¿Por qué preferimos llorar frente a un cajón y no llorar con ellos?

¿Por qué elegimos llevar flores a su tumba y no dárselas cuando todavía pueden recibirlas con sus propias manos?

¿Por qué preferimos recordar lo buenos que eran en lugar de decírselo en la cara?

¿Por qué decimos que ahora tenemos un angelito que nos cuida desde el cielo y no nos dimos cuenta de que siempre nos cuidó cuando estaba a nuestro lado?

Quizás porque somos jodidamente egoístas.

¿Y por qué escribo esto hoy y no lo hice ayer?

Porque hoy perdí a un amigo.

Y porque, durante demasiado tiempo, no estuve para él.

P. D.: Cumpa, los abrazos que te quedé debiendo te los mando hasta donde quiera que estés.

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