No todo es pega

No todo es pega

TalloC.

28/06/2026

Mini ensayo reflexivo – Concepción, Junio 2026

No todo es pega

Gustavo Alejandro Rivera Reyes 

«No todo es pega», dijo el jefe con lágrimas en los ojos cuando lo despidieron de su empresa. Y es que nadie hoy en día tiene algo asegurado. Una empresa necesita de sus trabajadores y los trabajadores necesitan de su empresa; de alguna u otra forma el intercambio es equivalente: tiempo por dinero, tiempo que produzco y, en compensación, recibo una cantidad de dinero que me permite vivir. Alimentar familia, hijos, mascotas, cumplir metas y pagar cuentas, sobrevivir…

Desde un punto de vista mediocre, porque lo que hacemos aquí no es «sobrevivir»: es simplemente vivir, habitar un cuerpo inteligente que se regenera solo, que posee sentidos capaces de evitar peligros y transitar veredas iluminadas. Nuestro cuerpo es una máquina de hacer y producir: nacemos en un sistema hecho para ganar y trabajar, trabajar y ganar, tener y tener, pero que muchas veces se olvida del ser. 

Imagina que somos como un Ferrari, construido para cosas grandes, pero intentamos correr por las calles de Maipú, que conservan los mismos hoyos desde el 2006. La vida, con sus imprevistos y su asfalto roto, estarán aunque seamos rápidos. La pregunta no es si podemos o no, siempre podemos. La pregunta es ¿de qué forma lo haremos? La sociedad ya eligió. Hoy propongo un lineamiento distinto: bajar las revoluciones, volver a la tierra, soltar el celular, conectar.

«No todo es pega», dijo el jefe, y yo recordé a mi padre, porque nunca le gustó esa palabra. La etimología de la palabra es cultural, histórica y valórica. En un contexto chileno, cuando el Puente Cal y Canto estaba en construcción, a los obreros se les ofrecía trabajo; ese trabajo consistía en pegar ladrillo tras ladrillo con un pegamento grumoso hecho de cal y arena. Este trabajo era bueno, permitía sobrevivir. Entonces los obreros le ofrecían trabajo a otros obreros y se despedían de sus esposas porque tenían que ir a la «pega», a la pega de ladrillos, a una construcción que le haría bien a la ciudad, a la comunidad, al empresario y al obrero.

Entiéndase como trabajo o «pega» la labor del humano —sea hombre o mujer— que permite la realización de una tarea determinada. Puede presentarse como la pega del constructor de casas, cuyo sueldo alimenta una familia, o como el trabajo no remunerado de la mujer dueña de casa que debe mantener vivos a dos seres humanos en crecimiento y, además, aguantar a un hombre que puede darse el lujo de ser el tercer niño al que ella debe cuidar. Ese trabajo explotador, silenciado durante siglos, no escapó a los ojos de Gabriela Mistral, Escritora, política y profesora Chilena que revolucionó el pensamiento vanguardista con una voz empoderada e implacable.

«Cuando una mujer ocupa un puesto que antes era desempeñado por un hombre, en el acto disminuye el sueldo.»  (Gabriela Mistral — Nuevos Horizontes en favor de la Mujer, 1919)

Nuestra querida Gabriela también pensaba que no todo en la vida era trabajar. Mantenía sus raíces en el bolsillo, literalmente, y es que los libros de historia cuentan que la poeta solía llevar una bolsa plástica de tierra a donde quiera que iba, hay fotos de ella en Europa, tomando mate.

Se evidencia un malestar, dijo Byung-Chul Han en 2010. Este filósofo surcoreano ve cómo la sociedad vive cegada en producir, en construir, en pegar, y se olvida de lo básico: simplemente vivir. Han escribe; «El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo, y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada; la depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad.» (Byung-Chul Han — La sociedad del cansancio, 2010, p. 28)

Esta cita expresa que la sociedad vive bajo una profunda depresión debido a la excesiva cantidad de metas, desafíos y propuestas nuevas que surgen día a día: la nueva tele, el nuevo celular, el nuevo auto, el barrio recién construido con rejas y antejardín, como contaba hace un tiempo Víctor Jara, contrastando la realidad del barrio alto y la población.

Cabe destacar que todos los estratos sociales se rigen por el mismo principio: sobrevivir. Este deseo primitivo atraviesa transversalmente nuestra sociedad —clase baja, media y alta—; todos necesitan comer, sentirse seguros, sentir que un propósito los mueve. Y es aferrándose con todas las fuerzas a ese razonamiento que las personas logran desenvolverse día a día, enfrentar los sucesos con ímpetu y resiliencia, aguantando los embates de la existencia por su razón de ser.

Es por eso que el presente ensayo busca acercar al lector a esa naturalidad que ya posee intrínsecamente, dentro de sí: ese circuito de venas idéntico a un rayo, ese cerebro que, puesto al lado de una nuez, guarda similitudes sorprendentes, la huella dactilar que espeja el corte de un tronco en el tiempo. Somos naturaleza, somos vida. Es por eso que nuestro entorno debe ser natural: arena, tierra y mar, agua y aire. Esto explica por qué los seres humanos son felices simplemente reunidos alrededor del fuego, madera ardiendo, carbón y un poco de carne.

Conectar es un acto concreto. Sacarse los zapatos y tocar la tierra con los pies activa una técnica conocida como grounding o earthing, que consiste en el contacto directo entre el cuerpo humano y la superficie terrestre, lo que facilita la transferencia de electrones negativos que contribuyen a reducir la inflamación crónica y el estrés oxidativo (Chevalier et al., 2012). Escuchar el viento y el mar limpia los oídos del ruido constante de motores y notificaciones. Tomar agua, comer verduras y tomar sol reinician la regeneración del cuerpo y su interior.

El biólogo y filósofo Humberto Maturana, en su teoría de la autopoiesis, propone que el ser vivo es un sistema que se produce y reproduce a sí mismo de manera continua, siempre que las condiciones del entorno sean las adecuadas para su desarrollo (Maturana y Varela, 1994). Ver cerros, edificios lejanos, observar las nubes permite a nuestros ojos enfocar objetos distantes y así desacostumbrarlos a la pantalla del celular.

Los beneficios de mover el cuerpo, estimular las articulaciones, respetar las horas de sueño y mantener una buena alimentación están sobrediagnosticados, y los resultados están a vista de todos: los múltiples beneficios de llevar una vida sana son miles, a corto y largo plazo. Se sugiere al lector partir por un vaso de agua al día, y preferir escaleras antes que acensores, el primer paso es el mas difícil, procuremos que sea sencillo para poder repetirlo.

El doctor Joe Dispenza, cuando sufrió una lesión lumbar a los 23 años, se prometió a sí mismo curarse con el poder de la mente, y le prometió a Dios, al universo que si se curaba dedicaría su vida entera a ayudar a otras personas a curarse con ella (Dispenza, 2014). Hoy tiene más de 60 años y más de doce libros publicados. Se dedica a sanar gente alrededor del mundo y explicarles cómo volver a conectar con sus raíces puede devolverles lo que habían extraviado, pero que siempre estuvo dentro de ellos: la tranquilidad, la paz de sentirse vivos, vivir el presente y abrazar la vida como sea que venga.

Este mini ensayo propone volver a conectar con las raíces, volver a juntarse con amigos —si uno tiene tiempo para los amigos,  tendrá amigos—, establecer metas personales de realización propia, descansar un dia y no hacer nada, visitar a la familia, llamarlos, irse de viaje, desconectar. Por ejemplo, ayudar a tus seres queridos (o a cualquier persona que te cruces en la calle) es motivo suficiente para estar bien. Despertar en las mañanas, soltar el celular, desconectarse de las comparaciones que suelen imponerse en las redes: seguir lineamientos de estándares ajenos solo nos hace daño.

Un punto que deseo rescatar: el lector debe identificar esa motivación intrínseca que lo mueve. ¿La conoces? Es aquello por lo que sonríes, la llama del corazón, el brillo del ojo, el primer pensamiento de la mañana ¿es bueno o malo? Léete.

 Dejemos porfavor de hacernos daño, amémonos, desconectemos. 

No todo es pega, pero todo sí es vida.
                                                                                                                         

Referencias.

Dispenza, J. (2014). You are the placebo: Making your mind matter. Hay House.

Han, B.-C. (2010). La sociedad del cansancio. Herder Editorial.

Maturana, H., y Varela, F. (1994). De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, la organización de lo vivo. Editorial Universitaria.

Mistral, G. (1919). Nuevos horizontes en favor de la mujer. Conferencia dictada en Punta Arenas.

Chevalier, G., Sinatra, S. T., Oschman, J. L., Sokal, K., y Sokal, P. (2012). Earthing: Health implications of reconnecting the human body to the Earth’s surface electrons. Journal of Environmental and Public Health.

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