Las aventuras de Super Perico
Un amo digno de su sirviente
Trigésimo primer movimiento: Principio del fin
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Mariazinha y Melody decidieron intentar rescatar a Astrid. Pero no tenían absolutamente ningún plan. Estaban comprometidas por la lealtad y la amistad. Aunque sus sacrificios fueran inútiles, no se iban a dar por vencidas.
—Le prometí a Astrid que si ella moría, yo también —explicó Mariazinha.
—No la van a matar, solo se la llevarán con ellos —Chloe se esforzaba por tranquilizarlas.
—¿Y cómo lo sabes?
—Es solo una niña. ¡Por Dios! Vivimos en Haram, confíen más en su propio país.
Pero apelar a la política y costumbres no resultó suficiente. En los últimos meses todas habían sufrido tantas decepciones, que hasta la misma Chloe aparentaba.
—Pues lo siento, nos vamos a rescatarla.
—¿Qué van a hacer?
—No sé. No importa, solo cumpliré mi palabra de hada unicornio —respondió imitando la consabida frase de Hoshi, un personaje infantil de la televisión.
—¿Y tú que dices? —preguntó Chloe a Melody, que había permanecido callada.
—Yo también. Yo no prometí nada, pero así somos las hadas unicornios. Leales más allá de la inteligencia —Melody no pudo evitar una broma en el peor momento.
En su interior Mariazinha estaba completamente dispuesta a meterse en la boca del dragón en nombre de la amistad verdadera. Definitivamente, hay definiciones de la amistad más peligrosas para la salud que otras.
Lo peor, era que ambas niñas carecían de ninguna estrategia diferente a la de confiar en el Espíritu Santo. Melody callaba ahora; estaba dispuesta a seguir idéntico destino fuera cual fuera. Pero si Mariazinha renunciaba a su intempestiva imprudencia, ella también. Chloe lo sabía…
Se alejaron ignorando las protestas de la niña de la falsa miopía. Finalmente, cuando se convenció que no iba a poder detenerlas, Chloe enseñó el contenido de un paquete que cargaba oculto. Probablemente el mismo objeto que le había obsequiado un delincuente en el pasado y del que no hablaba nunca.
Sacó unos artefactos extraños de su envoltura. Se los enseñó justo a tiempo para evitar que se acercaran y las vieran los secuestradores. Ocultaba unas bombas antimotines junto con varias máscaras antigás y algunos otros elementos semejantes.
—Es un préstamo retroactivo de la policía de Egeria, solo que ellos no lo saben. La comisaría es su legítimo dueño —explicó Chloe.
—Las robaron —reaccionó Melody.
—Calculo que el sargento Joel le concederá un permiso retroactivo a su propia hija. De tal forma; que legalmente no sería considerado un robo, sino un préstamo irregular sin permiso administrativo —se defendió Chloe, que como siempre aplicaba sus propios y curiosos análisis morales.
«Este es mi plan: yo les explicaré cómo funcionan estos chunches; luego ustedes se encargan de todo y hacen lo que les venga en gana. Me lavo las manos, están ignorando mis advertencias como siempre. Yo me encargo del celular del jefe, hay que averiguar quien organizó el secuestro».
—De acuerdo.
Luego de unas lecciones demasiado breves como para poder aplicarse sin contratiempos; se santiguaron y Mariazinha improvisó un par de oraciones breves. Por supuesto, solicitó la ayuda de Dios y los ángeles; aunque curiosamente, no pidió la iluminación del Espíritu Santo. Quizá temía una respuesta negativa…
Las niñas dieron inicio a su improvisado rescate. Se acercaron a la casa, sin tener idea si eran observadas o no. Mantenían ocultas las máscaras antigás para no revelar su intención. Cuando estuvieron suficientemente cerca, Melody dio la señal. Se sujetaron firmemente las máscaras y luego de santiguarse, amén de un par de jaculatorias; arrojaron unas bombas antimotines al interior de la estructura.
El plan resultó un éxito con el primer par de delincuentes que lograron atrapar al escapar de la residencia. Sin pensarlo mucho, los golpearon y amarraron en la confusión. No previeron, sin embargo, que los secuestradores también tenían sus propias máscaras antigás.
Los restantes malhechores alcanzaron a cubrirse los rostros. Salieron de la vivienda y rápidamente lograron atrapar e inmovilizar a todas las pequeñas.
—Son demasiadas —se quejó uno de los malhechores—. Si las llevamos, nos retrasarán tanto que nos va a atrapar la policía.
—Hay que llamar y pedir instrucciones. Que los superiores decidan —habló la misma voz que las niñas habían escuchado por el boquitoqui y que parecía ser el jefe.
¿Super Perico qué estaba haciendo mientras las niñas intentaron su malogrado plan de rescate?
Lo mismo de siempre que perdía sus superpoderes. Suplicar, pedir perdón a Dios y a los ángeles por sus errores. Además, de ofrecer penitencias si lograba sobrevivir a su aventura.
El ave estaba desesperada y no sabía que pensar: «No entiendo nada. Pierdo mis poderes cada vez que miento.
«Yo traté de engañar a Pavel por proteger a mis amigas. Pero todos los pericos creemos que Dios siempre tiene la razón, hay que someterse humildemente a su voluntad aunque no la entendamos. Prometo que si es el deseo de Dios, soy bien capaz de hacer lo que fuera.
«Si es la voluntad de Dios estoy dispuesto a traicionar a mis aliados. Si tanto le enfadan los embustes les daré el nombre de todos ellos, revelaré sus ubicaciones, habilidades, estrategias y hasta les explicaré donde encontrar a sus abuelitas enfermas».
Repentinamente quedó envuelto en una visión, al interior de una especie de nube blanca. Por segunda vez, y luego de mucho tiempo, entró en una especie de trance durante el que pudo conversar con el ángel de la bandada. Estaba sumamente feliz por escucharlo nuevamente, pero el ángel estaba furioso:
—¿Qué tonterías estás pensando?, en serio puedes creer que nos complacería verte traicionar a tus amigas —le regañó el espíritu.
—Es que soy un perico tonto, y no sé qué hacer.
—Para comenzar, en vez de pensar tonterías. Podrías inventarte una teoría mucho más benevolente con nosotros —el ángel continuaba con sus amonestaciones.
Super Perico no encontraba palabras para pedir disculpas.
—Qué tal si me invento que las mentiras son un interruptor que apaga los superpoderes sin importar las conveniencias.
—Mucho mejor así. Te aclaro, que puedes seguir diciendo que es un castigo tratándose de las mentiras graves, nos parece estupendo. Los espíritus leemos los pensamientos, así que cuida la redacción. Recuerda que el corazón puro es la llave de los santos que consiguen ver a Dios.
El ángel desapareció y la visión terminó. Pero el perico todavía no había recuperado sus habilidades de supermascota.
—¿Qué quieren que haga para recuperar mis poderes? —preguntó en voz alta, sin preocuparse que lo oyeran los demás.
El ángel respondió a su pregunta. Aunque en esta ocasión solo escuchó su voz que decía:
—Sí, se me había olvidado que veníamos a hacer un arresto… Es horrible ser sordo, pero pobrecitos los que lo sean voluntariamente —eso fue todo lo que escuchó. Los demás también oyeron esta última voz, pero no reconocieron su origen.
Entonces sí, el perico recobró sus fuerzas y habilidades especiales. Inmediatamente, destrozó sin miramientos la jaula en que se encontraba. Como todavía no se habían disipado los gases completamente, pudo actuar con rapidez y pésima visibilidad para sus agresores.
En medio de un furioso tiroteo para intentar acabar con el pajarito, el perico consiguió amarrarlos a todos. Liberó a las niñas y ubicó a los afectados fuera de la propiedad en sitio seguro.
Por súplica de Astrid, registró la residencia por completo en busca de su madre o de cualquier otra persona que pudiera encontrarse en el lugar. Efectivamente, una mujer estaba encerrada en un sótano al que se llegaba desde una puertecita disimulada en el piso de la cocina.
La mujer era idéntica a las fotos que habían examinado juntos miles de veces. En cuanto la vio, Super Perico no tuvo ninguna duda: por fin hallaba a la madre por la que tantos sacrificios habían experimentado.
Chloe, cumpliendo la misión que se había encomendado a sí misma, cuidó de confiscar y analizar el celular del presunto líder de la banda. En un mundo corrupto y perseguidor, quizá lo mejor era revisarlo antes de que llegara la policía y exigiera su entrega. Fue poco lo que pudo averiguar en la prisa, pero no había duda que ese mismo día el jefe había contactado a la embajada de Cedrón en la isla Ádulam.
—La periodista Vanesa tenía razón, todo fue culpa de ella—afirmó Chloe muy decepcionada—. La llamada a Ádulam lo confirma.
—¿A qué te refieres con que fue culpa de ella? —preguntó Astrid.
—Pues a eso mismo, la solicitud de guerra provocó el secuestro. Es una lástima que una de las feministas más admiradas de Haram cometiera semejante error.
«Comprendo que me voy a meter en problemas si le sigo haciendo caso a Vanesa. Voy a dejar de ser su admiradora… Sus métodos para que las mujeres nos apoderemos del mundo, me harán terminar mal —resolvió Chloe con firmeza delante de sus amigas. La niña no se sentía tan mal como podría pensarse. Lo bueno del momento, es que podía demostrar que no era tan terca como le acusaban».
—Entonces, dejarás de decir que las mujeres son superiores a los hombres —esta vez preguntó Melody.
—No es para tanto. Además, Vanesa afirma que las mujeres seremos superiores en el futuro. Yo creo que siempre hemos sido superiores, forma parte de nuestra naturaleza. No necesitamos hacer nada para lograrlo.
—¡Ya me extrañaba! —afirmó Melody.
—¿Qué te extrañaba?
—Nada.
—Y sigo creyendo que hay que vivir la superioridad femenina con hechos propios de tu constitución. Si no lo haces desaprovechas tu superioridad.
—Siguiente entrega disponible el 15 de setiembre del 2026
—Libro completo disponible en octubre del 2026
Ver también: Un amo digno de su sirviente, Arte Lancelot
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