Muerte en la ducha, Sangre en el desagüe

Muerte en la ducha, Sangre en el desagüe

Lautaro aguilar

27/05/2026

No muy seguido se puede conocer a gente famosa y mucho menos comer en la misma mesa que ellos. Por eso fue una sorpresa para Lean que, al ser invitado a cenar a la casa de un compañero de la universidad, se encontrara en presencia del antiguo boxeador más famoso del país: el “Principito”.

Ya no estaba en su mejor momento, pero sus hazañas se seguían escuchando hasta el día de hoy.

Lean las había escuchado en los medios; “Aquel con más títulos, quien soportó tener peleas profesionales siete días seguidos. Tenía un puño tan fuerte que terminó matando a su contrincante extranjero. Quien, luego de una vida repleta de lujos y adicciones, sobrevivió al disparo de una fan loca”

Sabiendo todo esto, fue un shock para Lean ser recibido en la puerta de su amigo, Emanuel, por el Principito.

—Un gusto señor ¿Esta es la casa de Ema? —dijo Lean,

Él no sabía cómo hablar con alguien tan mediático, por suerte su amigo apareció en su rescate.

—Ya llegaste, dale pasa ¿O acaso mi padre te anda molestando? —dijo Ema de forma cómica.

—Con permiso —comentó Lean mientras entraba.

Solo un paso le había hecho quedar la cara roja de ira al Principito.

—¡¿Acaso tu compañero no tiene modales?! —gritó, mientras miraba los pies de Lean y un tapete a su lado

—Dale papá, es solo un poco de polvo en la entrada —dijo Ema intentando tranquilizar al padre.

Éste solo se retiró de la escena, mientras que Lean retrocedió para limpiarse los pies en el tapete

—Discúlpalo, es un fanático del orden y de la limpieza.

—No es lo que esperaría de un peleador.

—Jaja bueno, las personas son como son sin importar su oficio. Mi padre por su parte es metódico. Todo tiene que ser a su manera y nadie puede alterarlo, come siempre a la misma hora, toma siempre la misma bebida, se baña a tal hora y no puede cambiarla, hasta su forma de lavarse seguro debe estar estructurada.

Lean solo pensó que tantos golpes seguramente le habían afectado la cabeza.

—Vamos, entra. Si queda sucio ya lo limpiará la sirvienta.

—Espero no incomodar a tu padre en la cena.

—No tengas drama con eso, mientras no tires comida fuera de tu plato no va a gritarte.

—Eso no me consuela ¿entonces si se me cae algo me van a gritar? —dijo Lean asustado.

—¿Quizás? Intenta que no se te caiga nada por las dudas.

Lean ya no sabía si había sido buena idea ir.

Pasaron por un amplio pasillo hasta llegar a una habitación. Era como una especie de living con una barra para tragos llena de bebidas y dos puertas en lados contrarios; una llevaba al cuarto del Principito mientras que la otra al comedor.

En la barra, una joven rubia estaba sentada bebiendo un trago.

—¿Qué hicieron para enojarlo? Ema, sabes que soy yo la que tiene que aguantarlo luego —habló ella.

—Perdón fue culpa mía, no sabía que tu padre se enojaría por eso —comentó Lean avergonzado.

—¿Padre? —contestó ella con asco.

—Ella es la pareja de mi padre, Paola —dijo Ema.

Paola volvió la vista a la bebida antes de continuar.

—La criada dijo que la cena estará lista a horario—comentó ella sin fuerzas.

—Iremos al comedor entonces —respondió Ema.

En esa pequeña charla, Lean notó que no había respeto en la relación.

El comedor era solamente una mesa, sin nada que molestara al comer, y ordenando los utensilios para el momento de la comida estaba una joven sirvienta.

—Marisa, acuérdate que para hoy hay que poner un juego extra de utensilios —dijo Ema dirigiéndose a la sirvienta.

—Ya están puestos como habían ordenado, si me disculpan seguiré preparando la cena —contestó ella volviendo a la cocina.

Los dos amigos quedaron solos en el comedor, sentados alrededor de la mesa. Hablaban de temas de la universidad, ya que Lean no sabía cómo tocar temas sobre el Principito sin ser grosero.

Pasado un rato de charla, Ema miró su reloj y habló.

—Mi padre ya está por venir a sentarse.

Y como si viera el futuro, un minuto después su padre apareció en el comedor seguido por su pareja, quien aún seguía con la copa en mano.

Sin comentar palabra se sentaron en sus lugares.

La situación parecía cronometrada, no había pasado ni un segundo de que todos estuvieran sentados y la sirvienta ya estaba saliendo de la cocina con cuatro platos repletos de pastas. Parecía una equilibrista llevando todo sin tambalearse

Con buenos movimientos puso los platos delante de cada uno.

A Lean le había parecido todo perfecto, pero la cara del Principito estaba roja, parecía que iba a explotar.

—¿Acaso te falla o algo? ¡Sabes que hoy es día de carne! —grito él.

—Perdón señor, creo que vi mal la fecha del calendario y…

La sirvienta intentaba contestar como podía, pero sin poder calmar la ira del Principito.

—¡Entonces ni siquiera sabes en qué día estamos! inútil.

Los gritos seguían mientras golpeaba la mesa, tal era la fuerza que provocó que la copa de su pareja terminara hecha pedazos en el suelo

—Otra inútil, solo tenías que sostener bien una copa.

—Todavía tenía vino —dijo Paola desentendiéndose de la situación.

—Papá ¿Podrías dejarlo así y comer la pasta solo por hoy? —comentó Ema con vergüenza mientras miraba a Lean

Al ver la cara su hijo y sentir la presencia de su invitado, el Principito se apaciguó e intentando evitar la mirada de reproche de su hijo poso su vista en la copa rota en el suelo.

—Ya que acá nadie hace nada, me toca limpiarlo —dijo en forma de reproche mientras se agachaba a juntar los cristales, agarrando uno a uno.

—Señor déjemelo a mí, solo déjeme ir a buscar algo para juntarlos — dijo la criada corriendo a la cocina para volver al momento con una mopa para limpiar el vino y una pala para juntar los vidrios.

El Principito seguía parado en su sitio, con los vidrios que había juntado aún en su mano cerrada.

—Ah, amor estás sangrando —comentó Paola viendo como caía sangre de esa mano al suelo.

El Principito se miró sorprendido, no había notado que se había cortado.

—¿Y de quién crees que es la culpa? —dijo el Principito con asco hacia su pareja, la culpaba por no haber sostenido bien la copa.

—Señor, debería ir a limpiarse la herida, mientras yo limpio la sangre derramada —dijo la sirvienta con voz calmada.

—Claro que esperaba que limpies este desastre, el resto siga comiendo. Yo me iré a dar una ducha para relajarme, toda esta situación me cerró el estómago —dijo el Principito saliendo de la habitación.

—Yo tampoco tengo hambre —agregó Paola acompañándolo.

Lean se quedó confuso, no sabía si era de mala educación continuar comiendo en esta situación.

—No desperdicies la comida que Marisa preparó —comentó Ema al ver a su amigo dubitativo, ganándose la sonrisa de la sirvienta que veía que su esfuerzo cocinando no fue en vano.

Marisa había terminado de juntar los vidrios y limpiar el vino junto con la sangre del piso, pero se había mantenido en la habitación para juntar los platos en cuanto terminaran de comer.

Aunque el Principito ya se había marchado, el ambiente seguía tenso.

—¿En tu país también son así las cenas familiares? —dijo Ema dirigiéndose a Marisa en forma de broma.

—Bueno en mi país no creo, pero mi padre solía tener un carácter parecido —contestó ella.

—Entonces ¿estas peleas son normales? —habló Lean dirigiéndose a Ema.

—Bueno, no siempre termina con sangre en el suelo, pero sí.

—Tu padre igual parecía acostumbrado al corte, ni siquiera lo había sentido hasta que Paola se lo comentó.

—Es normal con tantos golpes, él ya perdió la sensibilidad en zonas como las manos u otros lugares donde era golpeado. Pero la piel es la piel, aunque no sienta dolor, aún puede ser cortada —contestó Ema.

—Ahora que recuerdo, ¿no había un viejo rumor sobre que solía cortarse antes de una pelea para demostrar que el dolor no era nada para él? —preguntó Lean con curiosidad.

—No creas todo lo que escuches amigo, los rumores solo son rumores.

La charla sirvió para pasar el rato mientras terminaban de comer, pero hablar de su padre no era lo que más le gustaba a Ema.

Ya con los platos de los dos restantes en la mesa vacíos, La sirvienta se apresuró a levantarlos, pero sus movimientos fueron acompañados por un estruendo, fue como si algo pesado hubiera caído al suelo.

—¿Estás bien Marisa? ¿Se te cayó algo? —preguntó Lean, pero ella solo lo miró con confusión.

—El ruido no fue acá, debió caerse algo en otra habitación —dijo Ema

—Deberíamos ir a ver a la pareja de su padre, quizás ella tomó bastante y provocó algún accidente en la barra —comentó Marisa tranquila.

El grupo fue hacia el Living, donde se encontraba Paola sentada con copa en mano. Estaba tranquila y su vista no se despegaba de su bebida.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Ema a Paola

—Sí, sonó por mi habitación, quizás se cayó tu padre.

— ¿Y no piensas ir a ver si se encuentra bien?

—Pensaba ir cuando termine mi copa —contestó ella con desinterés.

Ema estaba eufórico y sin aguantar a la pareja de su padre, se dirigió al lugar donde podría estar este.

En su habitación parecía todo normal, pero se escuchaba el agua cayendo dentro de su baño.

—¡¿Papá estás bien?! ¡Escuchamos un ruido fuerte! —gritaba con fuerza Ema.

No muy seguido se puede conocer a gente famosa y mucho menos comer en la misma mesa que ellos. Por eso fue una sorpresa para Lean que, al ser invitado a cenar a la casa de un compañero de la universidad, se encontrara en presencia del antiguo boxeador más famoso del país: el “Principito”.

Ya no estaba en su mejor momento, pero sus hazañas se seguían escuchando hasta el día de hoy.

Lean las había escuchado en los medios; “Aquel con más títulos, quien soportó tener peleas profesionales siete días seguidos. Tenía un puño tan fuerte que terminó matando a su contrincante extranjero. Quien, luego de una vida repleta de lujos y adicciones, sobrevivió al disparo de una fan loca”

Sabiendo todo esto, fue un shock para Lean ser recibido en la puerta de su amigo, Emanuel, por el Principito.

—Un gusto señor ¿Esta es la casa de Ema? —dijo Lean,

Él no sabía cómo hablar con alguien tan mediático, por suerte su amigo apareció en su rescate.

—Ya llegaste, dale pasa ¿O acaso mi padre te anda molestando? —dijo Ema de forma cómica.

—Con permiso —comentó Lean mientras entraba.

Solo un paso le había hecho quedar la cara roja de ira al Principito.

—¡¿Acaso tu compañero no tiene modales?! —gritó, mientras miraba los pies de Lean y un tapete a su lado

—Dale papá, es solo un poco de polvo en la entrada —dijo Ema intentando tranquilizar al padre.

Éste solo se retiró de la escena, mientras que Lean retrocedió para limpiarse los pies en el tapete

—Discúlpalo, es un fanático del orden y de la limpieza.

—No es lo que esperaría de un peleador.

—Jaja bueno, las personas son como son sin importar su oficio. Mi padre por su parte es metódico. Todo tiene que ser a su manera y nadie puede alterarlo, come siempre a la misma hora, toma siempre la misma bebida, se baña a tal hora y no puede cambiarla, hasta su forma de lavarse seguro debe estar estructurada.

Lean solo pensó que tantos golpes seguramente le habían afectado la cabeza.

—Vamos, entra. Si queda sucio ya lo limpiará la sirvienta.

—Espero no incomodar a tu padre en la cena.

—No tengas drama con eso, mientras no tires comida fuera de tu plato no va a gritarte.

—Eso no me consuela ¿entonces si se me cae algo me van a gritar? —dijo Lean asustado.

—¿Quizás? Intenta que no se te caiga nada por las dudas.

Lean ya no sabía si había sido buena idea ir.

Pasaron por un amplio pasillo hasta llegar a una habitación. Era como una especie de living con una barra para tragos llena de bebidas y dos puertas en lados contrarios; una llevaba al cuarto del Principito mientras que la otra al comedor.

En la barra, una joven rubia estaba sentada bebiendo un trago.

—¿Qué hicieron para enojarlo? Ema, sabes que soy yo la que tiene que aguantarlo luego —habló ella.

—Perdón fue culpa mía, no sabía que tu padre se enojaría por eso —comentó Lean avergonzado.

—¿Padre? —contestó ella con asco.

—Ella es la pareja de mi padre, Paola —dijo Ema.

Paola volvió la vista a la bebida antes de continuar.

—La criada dijo que la cena estará lista a horario—comentó ella sin fuerzas.

—Iremos al comedor entonces —respondió Ema.

En esa pequeña charla, Lean notó que no había respeto en la relación.

El comedor era solamente una mesa, sin nada que molestara al comer, y ordenando los utensilios para el momento de la comida estaba una joven sirvienta.

—Marisa, acuérdate que para hoy hay que poner un juego extra de utensilios —dijo Ema dirigiéndose a la sirvienta.

—Ya están puestos como habían ordenado, si me disculpan seguiré preparando la cena —contestó ella volviendo a la cocina.

Los dos amigos quedaron solos en el comedor, sentados alrededor de la mesa. Hablaban de temas de la universidad, ya que Lean no sabía cómo tocar temas sobre el Principito sin ser grosero.

Pasado un rato de charla, Ema miró su reloj y habló.

—Mi padre ya está por venir a sentarse.

Y como si viera el futuro, un minuto después su padre apareció en el comedor seguido por su pareja, quien aún seguía con la copa en mano.

Sin comentar palabra se sentaron en sus lugares.

La situación parecía cronometrada, no había pasado ni un segundo de que todos estuvieran sentados y la sirvienta ya estaba saliendo de la cocina con cuatro platos repletos de pastas. Parecía una equilibrista llevando todo sin tambalearse

Con buenos movimientos puso los platos delante de cada uno.

A Lean le había parecido todo perfecto, pero la cara del Principito estaba roja, parecía que iba a explotar.

—¿Acaso te falla o algo? ¡Sabes que hoy es día de carne! —grito él.

—Perdón señor, creo que vi mal la fecha del calendario y…

La sirvienta intentaba contestar como podía, pero sin poder calmar la ira del Principito.

—¡Entonces ni siquiera sabes en qué día estamos! inútil.

Los gritos seguían mientras golpeaba la mesa, tal era la fuerza que provocó que la copa de su pareja terminara hecha pedazos en el suelo

—Otra inútil, solo tenías que sostener bien una copa.

—Todavía tenía vino —dijo Paola desentendiéndose de la situación.

—Papá ¿Podrías dejarlo así y comer la pasta solo por hoy? —comentó Ema con vergüenza mientras miraba a Lean

Al ver la cara su hijo y sentir la presencia de su invitado, el Principito se apaciguó e intentando evitar la mirada de reproche de su hijo poso su vista en la copa rota en el suelo.

—Ya que acá nadie hace nada, me toca limpiarlo —dijo en forma de reproche mientras se agachaba a juntar los cristales, agarrando uno a uno.

—Señor déjemelo a mí, solo déjeme ir a buscar algo para juntarlos — dijo la criada corriendo a la cocina para volver al momento con una mopa para limpiar el vino y una pala para juntar los vidrios.

El Principito seguía parado en su sitio, con los vidrios que había juntado aún en su mano cerrada.

—Ah, amor estás sangrando —comentó Paola viendo como caía sangre de esa mano al suelo.

El Principito se miró sorprendido, no había notado que se había cortado.

—¿Y de quién crees que es la culpa? —dijo el Principito con asco hacia su pareja, la culpaba por no haber sostenido bien la copa.

—Señor, debería ir a limpiarse la herida, mientras yo limpio la sangre derramada —dijo la sirvienta con voz calmada.

—Claro que esperaba que limpies este desastre, el resto siga comiendo. Yo me iré a dar una ducha para relajarme, toda esta situación me cerró el estómago —dijo el Principito saliendo de la habitación.

—Yo tampoco tengo hambre —agregó Paola acompañándolo.

Lean se quedó confuso, no sabía si era de mala educación continuar comiendo en esta situación.

—No desperdicies la comida que Marisa preparó —comentó Ema al ver a su amigo dubitativo, ganándose la sonrisa de la sirvienta que veía que su esfuerzo cocinando no fue en vano.

Marisa había terminado de juntar los vidrios y limpiar el vino junto con la sangre del piso, pero se había mantenido en la habitación para juntar los platos en cuanto terminaran de comer.

Aunque el Principito ya se había marchado, el ambiente seguía tenso.

—¿En tu país también son así las cenas familiares? —dijo Ema dirigiéndose a Marisa en forma de broma.

—Bueno en mi país no creo, pero mi padre solía tener un carácter parecido —contestó ella.

—Entonces ¿estas peleas son normales? —habló Lean dirigiéndose a Ema.

—Bueno, no siempre termina con sangre en el suelo, pero sí.

—Tu padre igual parecía acostumbrado al corte, ni siquiera lo había sentido hasta que Paola se lo comentó.

—Es normal con tantos golpes, él ya perdió la sensibilidad en zonas como las manos u otros lugares donde era golpeado. Pero la piel es la piel, aunque no sienta dolor, aún puede ser cortada —contestó Ema.

—Ahora que recuerdo, ¿no había un viejo rumor sobre que solía cortarse antes de una pelea para demostrar que el dolor no era nada para él? —preguntó Lean con curiosidad.

—No creas todo lo que escuches amigo, los rumores solo son rumores.

La charla sirvió para pasar el rato mientras terminaban de comer, pero hablar de su padre no era lo que más le gustaba a Ema.

Ya con los platos de los dos restantes en la mesa vacíos, La sirvienta se apresuró a levantarlos, pero sus movimientos fueron acompañados por un estruendo, fue como si algo pesado hubiera caído al suelo.

—¿Estás bien Marisa? ¿Se te cayó algo? —preguntó Lean, pero ella solo lo miró con confusión.

—El ruido no fue acá, debió caerse algo en otra habitación —dijo Ema

—Deberíamos ir a ver a la pareja de su padre, quizás ella tomó bastante y provocó algún accidente en la barra —comentó Marisa tranquila.

El grupo fue hacia el Living, donde se encontraba Paola sentada con copa en mano. Estaba tranquila y su vista no se despegaba de su bebida.

—¿Escuchaste eso? —preguntó Ema a Paola

—Sí, sonó por mi habitación, quizás se cayó tu padre.

— ¿Y no piensas ir a ver si se encuentra bien?

—Pensaba ir cuando termine mi copa —contestó ella con desinterés.

Ema estaba eufórico y sin aguantar a la pareja de su padre, se dirigió al lugar donde podría estar este.

En su habitación parecía todo normal, pero se escuchaba el agua cayendo dentro de su baño.

—¡¿Papá estás bien?! ¡Escuchamos un ruido fuerte! —gritaba con fuerza Ema.

Al notar que no había respuesta, intentó abrir la puerta, pero sin éxito.

—Tengo mal presentimiento, Lean. Él está dentro porque el pestillo está puesto, pero no responde.

Mientras Ema gritaba, había llegado la pareja borracha de su padre. Hasta ella se veía preocupada por la situación.

—Rápido tiremos la puerta, esto está mal —dijo Ema a Lean.

Como pudieron, empezaron a golpear la puerta con sus cuerpos y a patadas, ya que era la puerta del baño el pestillo no era muy resistente y fue fácil de romper.

Al caer la puerta no se podía ver mucho, solo un baño muy espacioso, y al final un cubículo donde se localizaba la ducha.

—Es imposible que él no haya escuchado eso y salido —comentó Paola nerviosa.

Todos se apresuraron a acercarse a la ducha.

Ahí estaba el cuerpo desnudo del Principito en el suelo de la ducha, mientras su sangre se iba por el drenaje.

Todos empezaron a gritar. Ema fue el primero en acercarse el cuerpo para sacarlo de la ducha.

Ni siquiera había cerrado la ducha, quedando todo empapado junto con su padre.

El cuerpo tenía una amplia cortada por todo el cuello, eso no era algo que se pudiera hacer en una ducha donde no hay nada filoso.

Lean tomó su muñeca, no tenía pulso.

En la ducha solo había artículos de limpieza, como acondicionador, champú y un jabón todo apretado por las manos del Principito.

Lean veía como Ema y Paola lloraban desconsolados. Se notaba que a ambos les había impactado la muerte del Principito.

Paola miraba entre sollozos toda la sangre que quedó en la ducha siendo llevada por el drenaje.

—El agua va a arruinar la escena —dijo la sirvienta metiéndose a la ducha a cerrarla, pero nadie le prestaba atención, todos tenían la mente en sus propios asuntos.

—¿Cómo pasó esto? —dijo Paola tocando la cara del Principito.

—¡No toques nada y tampoco te hagas la santa! —gritó Ema molesto.

Paola se mostraba confusa.

—Seguro fuiste la que lo mató ¿O acaso alguien cree que su relación había amor? Era puro odio.

—Yo ni siquiera me moví de la barra. Además, si alguien tenía motivos eras tú, señor heredero.

—¿Me acusas del asesinato de mi padre? ¿Yo, que siempre estuve en compañía de la sirvienta y de mi amigo?

Algo en la cara de Paola se retorció, se había dado cuenta que ella era la única sin coartada.

—Yo no fui, yo nunca entré aquí —dijo Paola como pudo.

—No, hay algo mal en todo esto, algo sobre esta habitación —comentó Lean metiéndose en la charla al escucharla a Paola.

Los tres quedaron confusos al escucharlo.

—No importa lo que vayas a decir, voy a seguir diciendo que fue ella —Ema no quería escuchar razones.

Lean miró la habitación y habló.

—Piensen, ella no entró al baño, porque no podía. Este lugar tenía el pestillo puesto desde dentro, así que alguien desde afuera no pudo hacerle ese corte en el lugar en donde estaba.

La confusión aumentó.

—Entonces alguien de adentro del baño tuvo que… —La sirvienta hablaba lento como intentando comprender.

—Sí, y la única persona que estaba adentro es, bueno ya saben, el Principito.

Lean no sabía cómo explicarse

—¿Suicidio? Ni hablar ¿Cómo pudo mi padre hacerse un corte sin un arma? ¿con las uñas?

—Solamente el arma debe seguir acá, quizás el agua se la llevó… —respondió Lean mientras caminaba hacia dentro de la ducha.

Él abrió el desagüe y luego de mirar dentro metió su mano temblorosa para terminar sacando de allí una pequeña navaja acompañada de un poco de jabón.

—Pero… ¿Por qué haría esto mi padre? —Ema ya no sabía que pensar

—Quizás, y es solo una teoría, quiso probar su fuerza y resistencia, ya hablamos sobre los rumores que decían que él solía cortarse para demostrar esa fuerza —Lean exponía su teoría, pero provocó que fuera respondido con un golpe en la cara.

—No hables sobre rumores, no voy a creer en tu teoría, yo sé que fue ella.

Ema terminó la charla yendo a llamar a la policía.

Ellos no tardaron en llegar y revisar la escena. Los forenses lo aseguraron por la forma del corte, el mismo fue producido por la mano del Principito.

Los medios y la policía llegaron a la misma respuesta que Lean, simplemente una muestra de la fuerza de antaño, que terminó fatal.

Y Lean no volvió a recibir una invitación a cenar a la casa de su compañero.

Al notar que no había respuesta, intentó abrir la puerta, pero sin éxito.

—Tengo mal presentimiento, Lean. Él está dentro porque el pestillo está puesto, pero no responde.

Mientras Ema gritaba, había llegado la pareja borracha de su padre. Hasta ella se veía preocupada por la situación.

—Rápido tiremos la puerta, esto está mal —dijo Ema a Lean.

Como pudieron, empezaron a golpear la puerta con sus cuerpos y a patadas, ya que era la puerta del baño el pestillo no era muy resistente y fue fácil de romper.

Al caer la puerta no se podía ver mucho, solo un baño muy espacioso, y al final un cubículo donde se localizaba la ducha.

—Es imposible que él no haya escuchado eso y salido —comentó Paola nerviosa.

Todos se apresuraron a acercarse a la ducha.

Ahí estaba el cuerpo desnudo del Principito en el suelo de la ducha, mientras su sangre se iba por el drenaje.

Todos empezaron a gritar. Ema fue el primero en acercarse el cuerpo para sacarlo de la ducha.

Ni siquiera había cerrado la ducha, quedando todo empapado junto con su padre.

El cuerpo tenía una amplia cortada por todo el cuello, eso no era algo que se pudiera hacer en una ducha donde no hay nada filoso.

Lean tomó su muñeca, no tenía pulso.

En la ducha solo había artículos de limpieza, como acondicionador, champú y un jabón todo apretado por las manos del Principito.

Lean veía como Ema y Paola lloraban desconsolados. Se notaba que a ambos les había impactado la muerte del Principito.

Paola miraba entre sollozos toda la sangre que quedó en la ducha siendo llevada por el drenaje.

—El agua va a arruinar la escena —dijo la sirvienta metiéndose a la ducha a cerrarla, pero nadie le prestaba atención, todos tenían la mente en sus propios asuntos.

—¿Cómo pasó esto? —dijo Paola tocando la cara del Principito.

—¡No toques nada y tampoco te hagas la santa! —gritó Ema molesto.

Paola se mostraba confusa.

—Seguro fuiste la que lo mató ¿O acaso alguien cree que su relación había amor? Era puro odio.

—Yo ni siquiera me moví de la barra. Además, si alguien tenía motivos eras tú, señor heredero.

—¿Me acusas del asesinato de mi padre? ¿Yo, que siempre estuve en compañía de la sirvienta y de mi amigo?

Algo en la cara de Paola se retorció, se había dado cuenta que ella era la única sin coartada.

—Yo no fui, yo nunca entré aquí —dijo Paola como pudo.

—No, hay algo mal en todo esto, algo sobre esta habitación —comentó Lean metiéndose en la charla al escucharla a Paola.

Los tres quedaron confusos al escucharlo.

—No importa lo que vayas a decir, voy a seguir diciendo que fue ella —Ema no quería escuchar razones.

Lean miró la habitación y habló.

—Piensen, ella no entró al baño, porque no podía. Este lugar tenía el pestillo puesto desde dentro, así que alguien desde afuera no pudo hacerle ese corte en el lugar en donde estaba.

La confusión aumentó.

—Entonces alguien de adentro del baño tuvo que… —La sirvienta hablaba lento como intentando comprender.

—Sí, y la única persona que estaba adentro es, bueno ya saben, el Principito.

Lean no sabía cómo explicarse

—¿Suicidio? Ni hablar ¿Cómo pudo mi padre hacerse un corte sin un arma? ¿con las uñas?

—Solamente el arma debe seguir acá, quizás el agua se la llevó… —respondió Lean mientras caminaba hacia dentro de la ducha.

Él abrió el desagüe y luego de mirar dentro metió su mano temblorosa para terminar sacando de allí una pequeña navaja acompañada de un poco de jabón.

—Pero… ¿Por qué haría esto mi padre? —Ema ya no sabía que pensar

—Quizás, y es solo una teoría, quiso probar su fuerza y resistencia, ya hablamos sobre los rumores que decían que él solía cortarse para demostrar esa fuerza —Lean exponía su teoría, pero provocó que fuera respondido con un golpe en la cara.

—No hables sobre rumores, no voy a creer en tu teoría, yo sé que fue ella.

Ema terminó la charla yendo a llamar a la policía.

Ellos no tardaron en llegar y revisar la escena. Los forenses lo aseguraron por la forma del corte, el mismo fue producido por la mano del Principito.

Los medios y la policía llegaron a la misma respuesta que Lean, simplemente una muestra de la fuerza de antaño, que terminó fatal.

Y Lean no volvió a recibir una invitación a cenar a la casa de su compañero.

La confesión no realizada

La carta que fue llevada por el agua


Solo escribo esto para burlarme de su muerte, pero cuando la termine, desaparecerá para no volver a ser leída.

Ahora todos los medios solo hablan de cómo el “gran” boxeador el Principito murió indefenso de forma patética en su baño.

Patético.

Patético.

Una figura patética.

Todo el día estuve aguantando para ver su cuerpo sin vida.

Empezando por verlo enojar por la comida que no esperaba, fue un espectáculo simple para verlo rojo antes de que muera.

Alguien tan cronometrado como él es fácil de matar, solamente hay que poner una pequeña navaja dentro de su jabón, y como siempre empieza a limpiarse con fuerza el cuello, es solo esperar que la navaja haga su trabajo.

El jabón se gasta, y la navaja sale a jugar.

A eso agreguémosle su fuerza y su deseo a que todo quede limpio y da como resultado un corte en el cuello.

Oh, pero dirán, cualquier persona pararía de limpiarse cuando sientan el corte.

Pero eso para cualquier persona con un mínimo de dolor, en cambio acá tenemos alguien sin sensibilidad.

Luego solo había que meterse de alguna forma en la ducha para sacar la navaja del apretado jabón y tirarla por el desagüe.

Oh, y ¿Por qué lo mataría?

Solo digamos ¿No es normal matar al asesino de mi padre? Fue en una pelea, pero mi padre ya estaba fuera de combate cuando este “Principito” seguía golpeándolo.

Mi madre ya lo había intentado matar disparándole, pero él sobrevivió y mi madre fue presa.

Pero ya está, yo terminé el trabajo.

Bueno, siempre estaba la ocasión de fallar.

Pero solo serían acusados el hijo que iba a heredar todo o la actual pareja que solo quería lujos.

Nunca una simple sirvienta.


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