Un jardinero cuida un brote que crece en una huerta marcada por la pérdida. Un relato breve sobre el cuidado, la espera y lo que permanece, incluso cuando algo se va.
Todo empezó y terminó en el Duoc. Salíamos de clases. Estaba con el Santiago y el Jaime en la entrada. Teníamos sed, mucha sed. En ese tiempo yo quería ser escritor, era el idilio por el cual vivía. Soñaba con poder alimentarme de eso, comprar botellas caras de whisky, fumar yerba y sentarme a masturbar...
Una extraña mujer de gafas y saco verde es fotografiada en la puerta del edificio de Javiera. No la reconoce como vecina, sin embargo, entra junto a Javiera y se sacan juntas una selfie en el ascensor.
Con la tierna edad de los seis años tuve que enfrentarme a mis miedos más profundos. No me mires así, Ricardo, que ya sé lo que estás pensando, que soy una dramática y que no sería para tanto. ¡Pues sí! Había rumores por el colegio, los niños te hablaban en susurros sobre Fulanito o Menganita,...
Cuando por fin después de un largo silencio, en el que parecía haber estado buscando las palabras adecuadas, el médico le dio el diagnóstico de la enfermedad que lo aquejaba, tuvo la sensación de que su vida como la había vivido durante sus 45 años, adquiría ahora en retrospectiva, un sabor y un tono distintos...