Las olvidadas de los vivos

Las olvidadas de los vivos

Martin Ariel

01/05/2020

La mayor, ni bien cerró la puerta, les preguntó si ya estaban todas dispuestas. Pero nadie contestó.

Las Rodríguez eran tres hermanas de otra época, de esas que ya no existen por los tiempos que corren, resultando muy difícil que lleguen juntas a tal edad. Apenas habían pasado los ochenta, estaban en la flor marchita de sus tiempos. Se llevaban muy poquito, habían sido fruto de padres muy responsables para procrear y criar. 

Se habían dispuesto a tener una charla no presencial, pues les parecía novedoso el sistema que creían ideado a causa de la pandemia.

Ninguna estaba acostumbrada a vivir alejada de la otra tanto tiempo. Y el informativo lo había dicho: la distancia social era indispensable. Por ello, estando cada una en su habitación del viejo caserío, anhelaban la magia que hacía tanto les resultaba esquiva.

La menor confió en su instinto, y comprobó que la hora fuese la señalada. La del medio, más avispada, cerró la ventana para que no moleste el ruido.

Pero nadie contestó, la mayor se quedó esperando la nada. Y después del pequeño olvidó, se acordó por qué estaba allí. Fue hasta su cama y acomodó su almohada inquieta. Pensó en ellas, en cómo estaban, y en que las había apurado. La del medio tosió, pero no sé asustó, venía hace rato con un catarro de esos molestos, sin fiebre por suerte. La menor quiso probarse y habló sola frente a su espejo, quería dejar la mejor imagen ante sus hermanas. 

Se extrañaban, no se veían desde el mediodía, y la tarde anunciaba el ocaso. En ese momento, la mayor decidió comenzar nuevamente como dictaba la razón que les quedaba. Y ahí por fin coincidieron las tres, se conectaron, se alinearon como por obra de los astros, cuya futurología ya no les funcionaba. Se dieron cuenta de que estaban decididas a lo mismo, era convicción, era fortaleza, era hermandad, pero también era olvido. Tenían que salir, y comprar los dispositivos para realizar  las videollamadas. Pero jamás probaron esa maravilla en la que creían. El aislamiento era obligatorio, las autoridades fueron claras.  

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