Regreso a Normandía

Regreso a Normandía

Fernando OM

21/03/2020

En agosto de 2004, cuando aún se celebraba el 60 aniversario del desembarco que cambió el rumbo de la segunda guerra mundial, viajé a Normandía con mi familia. Recorrimos pueblos maravillosos, como Honfleur, uno de los primeros liberados por las tropas aliadas. También el cementerio norteamericano en Colleville-sur-Mer, un universo impoluto de cruces y lápidas blancas en perfecta alineación, respetadas por el silencio y acompañadas por el sonido de la brisa del Canal de la Mancha. Grabado sobre lápidas y cruces un nombre, lugar de origen y la fecha de una muerte que hoy sabemos tuvo un propósito, satisfecho por unos jóvenes cuyo sacrificio superó su propia existencia. En medio de aquella multitud silenciosa sientes íntima admiración por aquellos que, queriéndolo o no, dieron un sentido a su vida más allá de lo exigible. Aquella generosidad permitió que varias generaciones disfrutarán un mundo en paz en el que se aspiraba a trabajar, ser feliz, y a cambio sólo se exigía respeto por los demás y un cierto grado de solidaridad. Ese mundo seguro y previsible ha cambiado para siempre. Nuestra fragilidad, y la arrogancia de creer que pocas adversidades amenazarían un bienestar global que juzgábamos crecía en progresión exponencial nos han devuelto a la realidad. Canta el poeta Serrat “nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, y la verdad es que hoy, como en junio de 1944, tenemos la oportunidad, y la obligación, de dar a nuestra existencia verdadero significado: reconstruir una sociedad mejor, volver a valorar lo importante, ser conscientes, de verdad, de nuestro efímero paso por la vida para hacer cosas que merezcan la pena. Aprovechemos esta cuarentena para reflexionar. A estas alturas ya todos sabemos que no son unas vacaciones. Hay tiempo para meditar, se trata de una oportunidad única para adquirir un compromiso, planificar cómo vamos a conducir nuestra vida, redefinir prioridades, contribuir a la tarea común de reconstrucción de comunidades y valores. Vamos a tener también un montón de cruces y lápidas, como las de Colleville-sur Mer, que nos recordarán que nuestra existencia puede y debe tener un propósito superior.

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