Un padre separado, pero no tanto…
¿Quién me mandaría meterte en este lío, verdad, hijo mío? Cada día, teniendo que cumplir con la rutina de una amarga despedida, resabiados tus ojos, llenos de cólera y lamento, que se sabrán de nuevo felices al cabo de un rato, pero almacenan dentro de sí litros y litros de angustia líquida, preparada para derramarse...