Querétaro me sabe a…

Querétaro me sabe a…

Ramses Yair Ayala

06/05/2017

Uno no recorre el mismo camino dos veces, no de igual manera, o por lo menos no en circunstancias similares. Sin embargo, hay algo de misterioso, mágico y en ocasiones poco indulgente en los olores y sabores, que nos vuelven andantes de un recuerdo, una sensación, un sentimiento que causa molestia en el pecho, que vuelve nuestros ojos salados y nuestra boca amarga.

Frente a mi un café y una rebanada de pastel de chocolate que desearía me fueran indiferentes. Pero el café con su aroma fuerte y su espuma delicada se coloca en mi cabeza como caballos que galopan en el tiempo, y me recuerdan sus ojos, y por un instante se vuelve dulce, dulce como su carácter, como sus palabras, como sus labios, tan dulce como el pastel de chocolate que se desliza suave en la cuchara, roza los labios, se derrite en la boca, estremece la piel, el alma, cierras los ojos, aparece ella y con ella el aroma de su perfume, de la cafetería, de la lluvia, del girasol y te sabe a universo… pero ese universo no es infinito, se termina de la misma manera que comes el merengue, o sorbes un trago de café y te hace tragar más saliva porque ella llora, porque en pocos días se va. Y el café te recuerda porque es amargo mientras ríe a carcajadas en tus papilas y ella te pide saborear el momento…

Querétaro me sabe a una taza de café y a una rebanada de pastel de chocolate que se amarga con la consecuencia de los días.

– Creí que te gustaría probar el mejor pastel con el mejor café de éste lugar. ¿ Te sucede algo? Preguntó con su suave voz y sus ojos verdes clavados en los míos.

– Lo lamento, por el momento preferiría un vaso con agua. (No eres tu, son los aromas, los sabores, el recuerdo).

Si, un vaso con agua, fresco, lejano de aromas, a evocaciones, indiferente, difícil de relacionar con sentimientos, de incrustarse en la memoria, de sabotear el corazón.

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