Dios tecnológico vs Dios…

Dios tecnológico vs Dios…

Ilian Auster

24/11/2021

En esta era de la tecnología somos más “conscientes” del Dios que se encuentra oculto detrás de la red. El ojo que todo lo ve, que sigue tus pasos cuando tocas la tecla, cruzas una esquina, marcas códigos, envías imágenes y deja tu huella en una palabra. Todo lo guarda aquel Dios de la red en la memoria oculta, con ello brindarle, posteriormente, opciones relacionados o no con tu sello.

El Dios de la tecnología es bueno cuando cumple nuestros caprichos ante nuestras ideas – buenas o malas- de ambos extremos. Nos muestra las ventajas ante ciertos eventos.

La tecnología surge al igual que el fuego, de la compleja computadora cerebral del ser humano al explorar, experimentar y volver visible sus ideas. Aquella tecnología con tantas mentes conectadas a la red para expresar información, se convirtió en un Dios. Acceder a él es más fácil que comunicarse con los demás dioses; sin embargo, no se puede ingresar a todo ese basto conocimiento, porque es como pretender ver un iceberg completo, cuando en la realidad andamos en el pico, para profundizar se debe bajar, además se requiere de ciertos códigos o recursos para penetrar más en ese espacio digital.

Las páginas web, las aplicaciones y redes sociales nos ayudan a ver el universo, viajar en minutos, comunicarnos con personas de otros países, culturas e idiomas. Aparte de construir mundos en letras, proyectos, arte y acción. Asimismo, existe el lado oscuro, donde se observa conflictos, guerras y armas creadas en la era de la tecnología.

El Dios tecnológico podrá ver y saber lo que hace el hombre de forma superficial, al menos que le demos a conocer nuestros pensamientos más alucinantes, perversos o íntimos. Mientras que el Dios que creo todo este macro y micro universo, ya sabe de antemano lo que pasa por nuestra mente y corazón, conecta con todo nuestro ser físico e invisible. Este Dios nos otorga el conocimiento, la imaginación y creatividad para crear a este segundo Dios, el técnico.

El ser humano avanza como un pequeño Dios para construir por medio de la Inteligencia Artificial (IA) que la maquina pueda sentir y pensar como nosotros. De la misma forma saber nuestros sueños, metas, pensamientos, deseos, así brindárselo.

En el arte cinematográfico, se puede ver desde el cine mudo hasta la actualidad la mente de los guionistas o escritores que por alguna razón se han enfocado en un futuro con un avance asombroso de la tecnología, pero también que su propia creación se revela contra el hombre, logra convivir o es destruido por los humanos. Un ejemplo de ello lo vemos en Metrópolis, IA, Trascendence, Ex-maquina, Wall-E, Her, La Odisea en el espacio 2001, La máquina, Matrix, Ghost in the Shell (Vigilante del futuro), El cortador de césped, En la luna,… Por el momento, hemos visto la tecnología para dirigir una guerra o armas de destrucción masiva. Pueda que lo que argumentan las películas ocurra en un futuro muy lejano o no (quien sabe, Dios seguro).

Ese Dios oculto tanto en el universo como el Dios oculto en el mundo virtual no debe ser subestimado. El Dios de la tecnología tiene la desventaja de ser desconectado ante eventos mayores que podría destruir la maquina central. Entonces la generación humana que ha crecido con ella puede sentirse indefenso sin ese medio, también existe esa posibilidad.

Con el Dios tecnológico tienes la ventaja de usar todas las herramientas posibles para indagar, explorar, crear y te muestra diversas – miles- de alternativas u opciones que se asemejan o no a la búsqueda realizada. También sirve para seguir a una persona, acosar, imponer, que si incumples sus parámetros o leyes acarrean sanciones. De ahí que, muestran dos caminos, adaptarse al entorno o morir dentro del sistema.

Por medio de ese Dios tecnológico logras fama o fracaso, reconocimiento o destierro, alabanza o humillación. El mundo humano ocupa su tiempo en utilizar las ventajas que le ofrece la tecnología para pertenecer al clan, al gran templo, La religión del futuro. Unos se convierten en constructores, espectadores o destructores a partir de esa herramienta que le ofrece el nuevo Dios.

Este Dios tecnológico muestra hasta de donde proviene su origen, de cálculos y programación, de códigos binarios, de letras, números y palabras para diseñar maquetas de algo más complejo, que proviene de la mente humana y el conocimiento adquirido de un Dios más poderoso.

El desconocimiento e ignorancia que tenemos de ambos mundos y su Dios, especialmente de sus intenciones es un misterio, solo podemos percibirlo de una manera limitada y externa. El recorrido es largo en ambos mundos (real-tecnológico) para el principal jugador: Uno.

Mundos distópicos y cinéticos que nos revelan las reglas del juego para ascender o descender, encontrar, eliminar o convertirse en virus, formatear el disco duro de información obsoleta o problemas, así proseguir. Excepto cuando hacemos corto circuito y se descubre la alteración de la realidad, una artificial que no parece lo que es, que lo etiqueta y lo ficha sin previo aviso, así encarcelarte de por vida.

¿Tienen cierta semejanza estos dioses?

El Dios tecnológico nos muestra lo hermoso o grotesco, lo sorprendente o enigmático, lo trágico o cómico que puede ser ese mundo si rebasamos la línea de su sistema. ¿Privacidad o vigilancia? Puede liberarnos o encarcelarnos, volvernos esclavos, dependientes de él. Un Dios que expone a simple vista un hermoso paraíso, de acuerdo a las circunstancias. Un Dios que avanza a pasos de gigante, promete diversión, salud, conocimiento, estabilidad, objetos, arte, solución… Un Dios que nos ofrece explorar el micro y macro espacio fuera como dentro de la tierra y hasta más allá de lo que imaginas en tus más profundos pensamientos. Un Dios distante, ausente de emociones, frio, solo existe y nos observa desde lejos, a veces interfiere y otras no. Un Dios creado por el hombre como su único anillo para controlar o mantener distraídos a la humanidad del verdadero propósito.

Semejanza con la realidad es mera coincidencia…

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