En el corazón
Buenas tardes abuelo, Cuando papá me contó que tú, Pedro Páramo, eras ese abuelo del que nunca supe nada, se me erizo la piel y de mis ojos salpicaron lágrimas por, al fin, estar más cerca de mis raíces. Papá nunca nos contó, ni a mi hermano ni a mi, porque no se llevaba contigo...