Pasionistas
De niño, pasé varios años en un seminario. No entré por vocación sacedortal; más bien… por hambre. Dos días a la semana teníamos taller de escritura. Un sacedorte de greñas y barbas blancas,con unas gafas de pesados cristales que le hacían llevar siempre la mirada baja, nos proponia un ejercicio. ¿Una cuarteta, un soneto, un...