A ver si me copias
Corría el verano del ochenta y tres dentro del cochecito rojo de tercera mano cuyo motor carraspeaba desde hacía horas como un viejo catarroso. Iba con Luis y Amaia, ambos pareja. Eran los años en que un viaje compartido no se llamaba blablacar si no «Te llevamos y das dinero para gasolina». Al ser la de más edad se me...