Primavera. Domingo de sol. Cuatro de la tarde.
Rosario sale de su casa y camina sin destino, siempre dice: «Voy a donde me lleve el viento». Soltera, al borde de sus treinta, parece empoderada, pero son apariencias. No quiere estar sola. Le duele. Lo ha intentado, pero empieza a pensar que no existe un hombre para ella.
Sus amigas están todas casadas, otro domingo sin planes. “El parque siempre es una buena opción… sol, un libro y mates”. Se resigna, lo acepta. No le queda otra.
Ve una pareja de la mano. Caminan y charlan. Entran a la heladería. Rosario piensa: «Esto quiero para mí… Qué suerte tiene esa mujer. ¿Lo sabrá?».
Juana y Rodrigo entran en la heladería. Esta noche vienen a cenar los padres de él. Sus suegros son los dueños del departamento donde viven y su marido trabaja con su padre. Se casaron hace diez años. Tienen un hijo de 7 años, Lucas.
—Un domingo, Rodri… por favor… otra vez… Luqui va al cole mañana… yo tengo que trabajar… —dice ella harta de sentirse sin voz.
—Pero cuando pagaron el departamento no te quejaste, querida… ¿De dónde creés que salen las vacaciones, la ropa, el colegio de Lucas… hasta el helado que estamos comprando? ¿De tu sueldo de maestra?… ¡No jodas, Juana!
Se calla. No vale la pena la discusión. Mientras él paga, ella mira por la vidriera. Ve una pareja caminando por la vereda de enfrente. Una niña de la mano de cada uno. La levantan a la vez para ayudarla a saltar charcos. Se ríen, se divierten, se miran cómplices.
Juana piensa: «No tengo un recuerdo así de nosotros… Qué linda familia, qué lindo la mira… Tiene suerte, ¿lo sabrá?».
Liliana y Marcelo salen para aprovechar la tarde de sol. Después de la lluvia de estos días, por suerte, un domingo soleado. No pueden darse muchos lujos. Ella tiene dos trabajos y él… trabaja cada tanto. Si le pusiera un poco más de ganas, si fuera menos orgulloso, si no se sintiera tan seguro de ella.
—Traje una gaseosa y galletitas. Nos sentamos en un banco, cerca de los juegos para que Agustina aproveche —dice ella.
—¿Te olvidaste la lona para tirarnos en el pasto? —responde él sorprendido.
Ella sabe cómo le gusta a él dormir la siesta al sol. Pero lo olvidó, o no le dieron ganas de buscarla, ella debe ocuparse de todo. Tanto trabajo, tanto sacrificio y no pueden entrar a una confitería para merendar, ni pensar en ir a un cine. Agustina es la hija de Marcelo. Es chica, cuatro años recién cumplidos. Liliana le compró una muñeca para que su papá se la regale. Este fin de semana le toca estar con él.
Llegan al parque, ve a una mujer mayor sentada en un banco mirando a los chicos jugar. Por momentos sonríe, como si recordara algo, y levanta la cabeza al sol cerrando los ojos. Está sola con su pequeño perrito, un caniche negro, viejito.
Liliana piensa: «Por lo menos no estoy sola como ella… o tal vez no sea tan malo… no sé… pobre mujer».
Adela salió, como todas las tardes, a tomar sol acompañada por Sandokán. Un nombre grande para un caniche, pero es una muestra del humor que maneja en toda su vida. Media hora en el parque, por indicación de su médico. Vitamina D natural. Ya está grande. Le duelen los huesos, se cuida en las comidas, le cuesta dormir.
Se sienta siempre en el mismo banco. Mira a los chicos jugar, levanta la vista al sol y cierra los ojos. Sonríe. Está contenta porque su hija fue a almorzar con su yerno y sus nietos.
Casi todos los domingos el mismo plan. José, su esposo, se quedó lavando los platos. El que cocina, no lava. Acuerdo matrimonial.
Le suena el celular, es su marido.
—¿Ya me extrañás? —le dice riendo.
—Siempre, Adelita. ¿Te voy a buscar y te invito un helado?
—¡Cómo sabés llegar a mi corazón! Te espero, amor. En el banco de siempre —responde ella.
Cuarenta años de casados. Una hija feliz con su esposo. Dos nietos: una nena y un varón. Y José… el amor de su vida.
Ve caminar por los alrededores del parque a una joven mujer. No la conoce, es Rosario. La ve sola, bonita, buscando un lugar para tomar mate y leer su libro.
Adela piensa: “¡Qué jovencita! Tendrá veintitantos, más vida por vivir que vivida. Qué suerte tiene. ¿Lo sabrá?”
© 2026 – Cata Lina
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