En el corazón del Reino Perfecto no había altavoces. No había carteles. No había discusiones. Solo había *Una Voz.* Y esa Voz susurraba. Después de la siesta del alma, cuando el cansancio calla y el mundo se aquieta, *el Bat Kol* se acerca. No grita. No empuja. Se sienta al borde de la cama y...
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