Intenté una mañana, cuando estaba tranquilo y absorto en mis pensamientos, en imaginar que le daba vida a los números: Conjeturé que, si los números imitaran nuestras vidas, no tardarían en cometer los mismos errores y aciertos. Hasta descubrirían que la perfección aritmética no es suficiente para garantizar la felicidad, y que incluso en un...
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