Y después de hundir mi cuerpo en la silla de la contemplación, el asombro me cegó. Miraba, pero no entendía; veía, pero el mundo era un laberinto que me negaba la salida. Bombas cayendo sobre civiles bajo la excusa de cazar terroristas, mientras los ecos de los aplausos ahogaban el grito de los inocentes. La...
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