pasé la mano por el rugoso y áspero tronco , lo acaricie a la pasada distraída, sintiendo la textura, desigual y dura que intervenía, sin piedad mi piel al tacto, en el borde de la fuente pestilente y verdosa, revolvías calmadamente con un palo, resultaste distinto entonces, como si te reconociera mi alma, antes que mis ojos...
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