LA HISTORIA DE ALGÚN SOLDADO DE MI COLOMBIA.

LA HISTORIA DE ALGÚN SOLDADO DE MI COLOMBIA.


Sin entender muy bien porque era la guerra se enlisto en el ejército, por lo menos allí le garantizaban la comida, Pablo Mena igual no tenía mucho que perder, había vivido su niñez entre la pobreza de un barrio abandonado por los gobiernos y las riñas de barrio, sin embargo no se puede decir que no había sido feliz, amó las tardes en que se reunía con sus amigos para lanzarse al rio desde un puente que dejaron a medio construir, también siempre recordaba las frases de su madre que ante las situaciones difíciles siempre lo hacían sonreír y nunca se dio por vencida para mantener a sus tres hijos. Lo verdaderamente cierto era que Pablo ya no tenía donde ir, su madre había sido asesinada en medio de una pelea con el hombre que secuestro a uno de sus hermanos para un grupo paramilitar, vivió un tiempo de la caridad de los vecinos, luego vendiendo cualquier cosa en la calle, pero nadie ni su hermano mayor podía ayudarle, nunca supo que había pasado con su padre, así que sin ver otra opción, tomo la decisión, entre morir de hambre o por una bala.

Fuerza, determinación y valor, era lo que siempre gritaba el sargento Flores quien comandaba el grupo, a lo que ya por inercia contestaban los soldados con gritos, “FUERZA, DETERMINACIÓN, VALOR Y HONOR” quizás al principio para el soldado Mena estas palabras retumbaron en lo profundo de su alma y armaba su corazón de una valentía inusitada en él, pero con el pasar de los días se volvieron una rutina tan abrumadora como el calor de la selva y las largas caminatas por veredas que parecían infinitas, allí, aunque rodeado de compañeros de armas nunca en la vida había sentido tanta soledad. Pasaron los primeros meses, las cosas parecían iban con relativa calma, no había visto combates y todo los días eran largas caminatas, quizás por eso cuando oyó una ráfaga de ametralladora se demoró en reaccionar, todos excepto él de forma inmediata se tiraron al piso, los soldados pecho en tierra disparaban casi al azar a la montaña sin saber con exactitud dónde estaban sus enemigos, no fue sino hasta que sintió las balas zumbar cerca de él que reaccionó, ese fatídico día después de dos horas murieron dos de sus compañeros, el soldado profesional Ramírez de 23 años y el soldado raso Gómez de 19 años, un helicóptero recogió lo que quedaban de sus cuerpos, el soldado Mena aunque quería llorar no podía, tenía un nudo tan grande en el pecho, que un silencio ahogado era la mejor forma de expresarse.

Los días se habían vuelto lluviosos, y aunque nadie lo decía todos sentían mucho miedo, también resignación, las noches y las patrullas se habían vuelto eternas. El soldado Mena recordaba siempre los dichos de su mamá, guardaba en su corazón a tan maravillosa mujer y su esfuerzo era dedicado a ella, no podía morir después de lo que hizo su madre para que sobrevivieran, siempre pensaba en ello, sin embargo no iba ser fácil eso de no morir, en un instante junto a una ribera fueron emboscados, el líder del pelotón pisó una mina y salió a volar, comenzaron los disparos y los gritos, el soldado Mena detrás de un árbol armado con su fusil alcanzo a ver dónde estaban los enemigos, por un momento titubeó, pero recordó que debía de vivir, empezó a disparar, acto seguido cayo un enemigo y le respondieron fuertemente, el árbol donde él estaba parecía la piñata de una fiesta que todos querían y el premio era él, sin embargo, esta situación la aprovecharon sus compañeros para reubicarse mejor y contra atacar, pese a todo pronóstico, lograron repeler el ataque, los enemigos comenzaron a darse a la fuga; en el vaivén del combate habían logrado sobrevivir y dar de baja a varios enemigos, un Helicóptero Arpía que estaba apoyando las operaciones llego justo para dar la estocada, bombardeo la zona donde estaban los guerrilleros, aunque al principio el sentimiento fue de euforia, cuando fueron en busca de los restos, se dieron cuenta que la mayoría de los caídos eran adolescentes, niños que secuestran para entrenar como soldados y hacerlos pelear una guerra que no les corresponde, ese día el soldado Mena mirando al cielo pensó en dos cosas, en su hermano secuestrado y que en esta guerra no hay ganadores.

En los siguientes días el soldado Mena fue reconocido por sus compañeros, lo cual para él era algo inédito en su vida, el sargento Flores le elogiaba por su puntería y en secreto le agradecía por permitirle volver con su familia, en realidad quien sabe si estarían muertos sino hubiera sido por el soldado Mena, pese a los sentimientos encontrados no podía más que sentirse satisfecho, pensaba que si para algo él había nacido, quizás fue para ese momento, para salvar esas vidas, en su interior se regocijó tanto con esta idea, que concluyo la felicidad del hombre es ayudar a sus compañeros. Pero no hubo mucho tiempo para seguir pensando en esto, el cuartel general con base a los recientes combates, determino que estaban cerca de un cabecilla importante, y estos guerrilleros eran parte de un anillo de seguridad en la zona, así que luego de unos días de descanso y de reabastecimiento de equipo y personal, de nuevo estaban en marcha, esta vez habían más soldados, otro pelotón cubriendo el flanco derecho a 500 metros, e helicópteros sobrevolaban constantemente, todo este despliegue hizo que los soldados se sintieran de cierta forma menos solos y más seguros, inesperadamente mientras avanzaban, la fama del soldado Mena se hizo más grande y exagerada, aunque ciertamente su aspecto no era para nada impresionante, todos pensaron que un soldado no necesitaría de grandes músculos o altura para ser el más valiente de todos, y efectivamente así es.

Finalmente llegaron a los Montes de María, una zona que se sabía estaba superpoblada de Guerrilla, pero que durante años el ejército no había sido capaz de recuperarla, especialmente por el terreno selvático, las minas y las trampas, hubo pequeñas escaramuzas sin mucho impacto al principio, parecía que solo estaban retrasando el avance, pero a medida que se acercaban al pie del monte los ataques se hicieron mucho más fuertes, de no ser por los helicópteros no hubieran sido capaces de avanzar. Luego de dos días llegaron a un pueblo en el cual hacia años no se veía un soldado, tal fue el impacto de los pobladores que al verlos alzaban las manos pensando que los iban a matar, unos corrían huyendo, otros se tiraban al piso , las madres se encerraban con sus hijos en las casas, la atmosfera de las calles era tensa, el sargento dio la orden de descansar, formo 3 grupos de dos para la vigilancia y finalmente descansaron junto a una tienda, en tanto esperaban órdenes interrogaban a todo el que pasara cerca, pero por prudencia o miedo nadie les decía nada. No duraron mucho tiempo allí, se reagruparon y comenzaron a marchar, cuando iban saliendo del pueblo, comenzaron a llover bombas de mortero, la tienda donde estuvieron quedo hecha polvo, en el parque principal el busto de Simón Bolívar voló y cayó sobre una casa, comenzaron los disparos, informaban por radio que el apoyo aéreo se demoraba de 20 a 30 minutos, el otro pelotón tomo un costado diferente de la montaña, no quedaba más sino aguantar. Al lado de una trocha dos soldados quedaron heridos, el soldado Mena el más adelantado era observado por todos sin que él se diera cuenta, deseando con todas sus fuerzas ayudar a sus colegas de armas, ese primer paso fue el más difícil de todos los pasos de su vida, corrió como nunca antes lo había hecho, rompió el récord mundial de 100 metros planos con 9.45 segundos y el de salto triple con 15.60 metros, a uno de los soldados se lo hechó al hombro y al otro lo arrastro hasta un zanja para que quedara a cubierto, el combate duro alrededor 23 minutos hasta que los helicópteros llegaron mostrando toda su artillería. Nadie murió esta vez, los heridos podrían vivir, y el soldado Mena otra vez fue el héroe y sin saberlo nadie más que nosotros, en otra vida y tiempo pudo haber sido campeón olímpico.

Al cabo de un día, se encontraron con el otro pelotón que los acompañaba, habían barrido la zona y los refuerzos comenzaron a llegar, grupos especiales de combate Jungla descendían de varios helicópteros Black Hawk, habían bombardeado el campamento guerrillero, ellos se iban a encargar del resto de la operación, el pelotón del soldado Mena solo debía proteger la retaguardia y luego esperar confirmación para la evacuación, de cierta forma podían estar tranquilos, el trabajo sucio lo iban hacer los expertos, así que tomaron posiciones defensivas y descansaron. A medida que pasaba la tarde a lo lejos se escuchaba los vestigios de una batalla, el apoyo aéreo era impresionante, cada vez se escuchaba más lejos los bombardeos y los disparos de los helicópteros, todo parecía ir bien, hasta que se escuchó por la radio que un helicóptero estaba cayendo, una fuerte explosión se sintió cerca, inmediatamente se le ordenó al grupo de la retaguardia ir en busca de sobrevivientes, todo aquel grupo sin saber porque, sintió un escalofrió inefable. Se fueron adentrando en una zona extremadamente difícil, llena de enredaderas y plantas que no dejaban ver más de 2 metros adelante, cada paso dado era resultado de una lucha inmensa contra el miedo, hasta el soldado Mena con todo el valor que había adquirido sentía una espesura extraña en el aire. Los soldados se aproximaron a la ubicación del aparato derribado, en el camino había restos de alerones y piezas de metal, había un cadáver colgado de una rama de un árbol, siguiendo el sendero de los restos vieron los destrozos del impacto, era una imagen horrorosa. Revisaron rápidamente en los alrededores y no había rastros de vida, un sonido extraño emergió de las ramas más arriba, al acercarse el sonido ininteligible se convirtió en un “ayuda”, casi inconsciente el cabo Reina decía estas últimas palabras mientras agonizaba.

Ninguno de los tripulantes logro sobrevivir, ahora debían recoger los cadáveres y echarlos en bolsas para que otro helicóptero viniera por ellos, lo cual no iba a ser pronto debido a los fuertes combates y al anochecer. Los soldados armaron un perímetro alrededor del aparato, nuestro soldado Mena, era uno de los que estaba en primera línea, de cualquier forma estaban lejos de la ubicación del campamento enemigo, no tendrían por qué preocuparse y se creían algo seguros, pero no llegaban a imaginar que los guerrilleros habían escapado por medio de una zanja natural que estaba cubierta de matorrales, esta zanja terminaba cerca a la ubicación del helicóptero caído, entonces por un momento todo era silencio, el silencio previo a una escena fatídicamente inolvidable para cualquiera que hubiera estado allí y sobrevivido.

Al atardecer, en el crepúsculo, el soldado Mena le pareció oír pisadas que se aproximaban, apuntó su arma, al verlo su compañero, el soldado Lozano repitió el movimiento, pero digamos que, de una manera torpe y ruidosa, por esta imprudencia, se agacharon y de pronto, el soldado Mena vio los ojos de una mujer muy joven que también lo miraba detrás de unas hojas, ambos se quedaron inmóviles unos segundos, viéndose el uno en el otro la vida misma y la muerte. A él le pareció ver en esos ojos, el mismo dolor, la misma tristeza, la misma alma; quizás hubieran podido ser amigos, amantes o novios, pero todo empezó con una ráfaga que disparó su compañero torpemente, inicio el fuego cruzado, el primero en morir fue el soldado Lozano, y el siguiente en la lista era él. Tirado en la base de un árbol había sido herido en la pierna derecha, todo era un ruido y gritos parsimoniosos, todo ocurría rápidamente, no así para nuestro soldado, nuevamente Pablo Mena tomo todo lo que tenía de si, se puso de rodilla y en sus manos un par de granadas que lanzo cual David a Goliat a la zanja, luego en ese instante preciso que las granadas cayeron al piso, tomó su M60 y se tumbó hacia delante en el medio de todos, disparo las 200 balas de su arma, en tanto explotaban las granadas, mientras los guerrilleros en la zanja saltaban, mientras sus compañeros se cubrían, el soldado Mena respondió con todo de si, iba morir esta vez, le parecía que iba a morir, pero no lo iba hacer esperando.

Las acciones del soldado Mena crearon una conmoción tremenda en sus enemigos, varios habían caído, y otros corrían intentando cubrirse, en tanto sus compañeros le apoyaban con fuego, así paso un momento que pareció eterno, hasta que en algún instante todo paró, ya no se oyó nada, todos habían parado de disparar, y ya lo noche había caído en totalidad, no se veía nada, había un silencio que parecía muy peligroso. A rastras nuestro soldado que normalmente era un joven callado volvió a la base del árbol, y con los últimos alientos que le quedaban rompió la obscuridad y gritó:

– ¡ESTOY VIVOO! –

Lloró. Lloró como nunca: lloró por su madre, por su hermano, por sus compañeros caídos y por los que había tenido que matar para sobrevivir; lloró por los ojos de aquella mujer y hasta lloró de felicidad por poder llorar.

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