Aventura mensual: Super Perico y Un amo digno de su sirviente (28 de 32)

Aventura mensual: Super Perico y Un amo digno de su sirviente (28 de 32)

Arte Lancelot

14/05/2026

Las aventuras de Super Perico


Un amo digno de su sirviente

Primer movimiento


Vigésimo octavo movimiento: Guerras posibles y no deseadas

Versión en audio:

No lograron que Chloe explicara nada de lo ocurrido en su anterior aventura con el delincuente callejero; aunque sí pidió disculpas por los problemas que les había provocado. 

Las otras niñas del club solicitaron evitar nuevos eventos similares. Recibieron una negativa rotunda:

—Un secuestro no es jugar a las muñecas. No las voy a engañar, espero problemas mucho peores. Si es que no nos matan… Prometer lo que me piden es imposible — respondió Chloe con firmeza. Para investigar en serio; debían atenerse a las consecuencias.

—Al menos, nos explicarás lo ocurrido cuando encontremos a la madre de Astrid —preguntó Mariazinha en tono conciliador.

—Si todo resulta como lo tengo planeado, se los explicaré cuando sean mayores de edad —Ahora Chloe razonaba como la mujer adulta que no era—. Es mejor así.

—¿Qué edad tienes tú? Estás en sexto de primaria igual que todas —objetó Melody.

Por ahora, la misteriosa compra de Chloe en la ciudad de Egeria permaneció un misterio. En ese momento, todas estaban ansiosas a la espera de la reunión con Vanesa, la famosa feminista radical que trabajaba para la oficina de prensa del ejército.

Habían acordado la cita para el martes siguiente. El lunes dieron un descanso a su investigación jugando a los jackses. El perico la mayoría de las veces no las acompañaba en sus juegos, así que aprovechó el tiempo libre para tomar una clase especial con el lugarteniente Yuki.

Los jackses, de origen antiguo y también conocido como el juego de la matatena, eran entonces bastante populares entre las niñas de Haram. Consistía en arrojar una bolita de goma al suelo y mientras permanecía en el aire luego del rebote, se recogían unos objetos pequeños cuyo número aumentaba en cada turno. Era temporada de jackses en la Escuela para niñas Dayamai. Por lo que la competencia al interior del CPAN inició en los recreos y se prolongó junto con Astrid luego de salir de la escuela.

El pajarito, completamente ajeno a estos juegos femeniles; encontró su propio pasatiempo en una clase especial sobre el empleo del bastón policial. Era tradición en Haram, que las clases de combate estilo sureño fueran complementadas con algunas horas de explicaciones sobre el conocido bastón. No correspondía históricamente al estilo sureño de combate, que priorizaba las sogas. Pero la cooperativa CASPA hacía décadas había declarado a la porra como un distintivo para su organización. Puesto que las clases eran muy populares entre los policías aficionados; las conveniencias dieron la bienvenida a los porrazos en el estilo de combate.

Cuando por fin llegó el martes, confirmaron la cita desde un celular público en las cercanías de la escuela. Todos acudieron puntualmente a la hora de la entrevista. Habían acordado coincidir directamente en el lugar, pues Mariazinha necesitaba encontrarse primero con su padre en la comisaría. 

En el ejército, las niñas fueron recibidas con una amabilidad poco común en el lugar. La periodista Vanesa irradiaba una extraña felicidad. Por su poco natural comportamiento, diríase que por fin hubiera realizado su sueño de legalizar la presencia de mujeres soldados en el ejército. Pero no, solo se trataba de niñas detectives…

La reportera, luego de algunas formalidades les reveló lo siguiente:

—Creo tener una teoría sobre quien es el culpable del secuestro de la madre de Astrid. Pero si estoy en lo correcto, el ejército nunca lo admitirá.

—¿Quién es el culpable? —preguntaron todas ansiosas y alegres por la importante pista que esperaban recibir.

Probablemente Vanesa intentó aparentar algún tono de remordimiento. Pero sus palabras salieron como si dijera algo natural y archisabido:

—Pues yo…

Estaba tan tranquila, que los oyentes no creyeron que se tratara de ninguna confesión. 

Super Perico, conocedor de las malas costumbres del ejército, imaginó alguna misión de destruir edificios que saliera mal y la pobre mujer quedara prisionera sin saberlo nadie. 

Todos eran conscientes que sin importar lo que dijera, había que dejar hablar a la primera informante importante que conseguían.

Vanesa obtuvo en respuesta, un silencio sepulcral que no le sorprendió. Ante la mirada inquisidora de Astrid, comenzó con una extraña introducción a su feminismo radical y excéntrico:

—Tanto tu madre como yo soñamos con un mundo gobernado por las mujeres. Pueden preguntarle los detalles a mi amiga por correspondencia, Chloe. Para lograr tal inversión del poder… —Ante un gesto de repugnancia de algún oyente, cambió la redacción—. Como resultado del análisis histórico, la inversión del poder es el castigo justo para los abusos masculinos. Si queremos gobernar en el futuro próximo, necesitamos aumentar la participación de la mujer en la preparación de futuros escenarios. Es inevitable…

Por su costumbre adquirida en la escuela Dayamai, las niñas interrumpían a la polémica reportera levantando la mano.

—¿Que son futuros escenarios? —Astrid asumió la responsabilidad de llevar adelante la entrevista.

—El futuro nadie puede predecirlo. El ejército tiene como una de sus responsabilidades más importantes, prepararse adecuadamente para diferentes escenarios. Uno de ellos es la posibilidad de guerra contra la isla Ádulam —al mencionar la palabra guerra, sus oyentes quedaron estupefactos. Vanesa continuó, segura de haber recobrado el completo dominio de la reunión: 

«Pero según nuestros analistas es posible que no reaccionemos a tiempo. Especialmente, si dado el caso, el ejército no contase con el suficiente apoyo popular. Para conseguir este soporte civil, es necesario preparar el ambiente para una futura guerra; al menos como una posibilidad mental. 

«Acordamos que el ejército debía conseguir líderes que apoyasen el conflicto y lo pidieran al gobierno constantemente, aunque nunca se declarara ninguna guerra real. Nos preocupa que si Ádulam llega a creer que nuestro pueblo y el ejército opinan diferente, nuestros opositores podrían envalentonarse y robarnos lo que nos pertenece. 

«El país debe luchar unido. La política es muy complicada, podríamos perder la isla por culpa de un ejército despreciado por su propia población. Como reportera militar se me asignó la responsabilidad de preparar el escenario mental de una guerra posible que nadie desea y tratamos de evitar».

Un soldado entró e interrumpió la conversación. Le enseñó unos papeles a Vanesa, que los cogió y firmó sin apenas leerlos. Con unas pocas palabras, el asunto estuvo terminado. El soldado se retiró tan rápido como había venido.

—¿Y todo esto que tiene que ver con mi madre? —preguntó Astrid, luego de asegurarse que el soldado se había alejado lo suficiente para no escuchar sus palabras.

—Pues le pedí a tu madre que presentara al gobierno una solicitud de guerra contra Ádulam. Le aclaré que todo era teatro, no existía la más mínima posibilidad que aceptaran su petición. Es otro paso que tenemos que dar las chicas si queremos gobernar el planeta.

—Pero mi madre siempre me ha dicho que no está a favor de la guerra —Astrid estaba realmente sorprendida y fuera de lugar.

La niña se esforzaba en recordar, pero hasta hacía muy poco se había mantenido ajena a cualquier conversación de política de sus padres o de cualquier adulto en general. Hasta podría creer que su madre evitaba hablar de política excepto por alguna votación. De conversaciones sobre guerra, recordaba mucho menos. Sin embargo, no mentía al hablar que su madre estaba en contra de la violencia. Al menos, hasta donde podía recordar de su propia indiferencia a los temas adultos.

—Tanto tu madre como yo misma estamos en contra de la guerra, igual que todos por aquí—hablaba con sinceridad. Los pueblos de Ádulam y Haram por igual, temían y evitaban una escalada militar que terminara en un conflicto abierto y declarado—. Como periodista del ejército es mi responsabilidad preparar escenarios alternativos. Pero en razón de darle mayor credibilidad, necesito civiles. 

«Así que le pedí el favor a tu madre, de solicitar la declaración de guerra al gobierno. Por supuesto que le iban a decir que no, es puro teatro. Hay que infundir miedo a los habitantes de la isla. Fue la misma función que cumplió Super Perico cuando estuvo destruyendo edificios. 

«Las mujeres nunca llegaremos a dominar el mundo, si no controlamos el ejército, y las declaraciones de guerra. Me pareció importante que fuera una mujer la que solicitara la guerra contra Ádulam, porque es necesario preparar la sociedad desde ahora. 

«Tu madre es mi amiga y confía en mí. Si fueran niñas inteligentes, y entendiera lo que es justo, también deberían confiar en mis planes. Tal vez cuando maduren un poco más…»

—¿Entonces usted cree que la solicitud de guerra fue la que provocó el secuestro? —en esta ocasión fue Chloe la que preguntó para aclarar sus propias conclusiones.

—Es mi teoría. Por supuesto, no puedo demostrarlo.

Según la versión de Vanesa, la solicitud fue teatro político montado por coalición del gobierno con el ejército. Tales tratos ocultos jamás se admitirían.

Como consecuencia, el secuestro debía de ser investigado exclusivamente por una policía civil, a la que se le ocultaba información a sabiendas. Evidentemente, tales tratos entorpecían cualquier investigación.

Por extraño que parezca, se despidieron de Vanesa muy contentos de por fin conseguir una pista que prometía ser importante. Las niñas estaban nerviosas, pues los asuntos del ejército les asustaban en demasía. La esperanza podía más que el susto, así que las primeras semanas luego del encuentro con la reportera fueron días de planes e investigación llenos de optimismo.

Si bien el encuentro con la reportera renovó su entusiasmo, los frutos luego de este primer éxito fueron más bien pocos. 

Super Perico sentía que disfrutaba de más ratos de descanso de lo apropiado para un superhéroe. La verdad era que las chicas no estaban muy seguras sobre qué hacer ellas mismas, ni mucho menos qué instrucciones darle a un perico con superpoderes.

¿Qué había pasado con la estrategia de las falsas recompensas? Puesto que no se arrancaban los panfletos excepto por su deterioro natural, ha de creerse que la comunidad y la policía toleraban la travesura del CPAN. Como especulación insegura, se apuntaba a las montañas de Egeria como el probable sitio en que se ocultaban los secuestradores. 

Astrid no sabía nada de automóviles, y sus recuerdos eran pésimos. Se suponía que el vehículo que mandó a la niña al hospital luego de expulsarla con violencia; había escapado rumbo a las montañas. Se especulaba que allí se habían ocultado, pues la ruta era pésima para llegar a cualquier lugar. Pero las montañas eran enormes, y los sucesos cada vez más viejos.

Las pequeñas detectives también solicitaron ayuda a sus restantes compañeritas de sexto de la escuela Dayamai; quiénes les ayudaron imprimiendo fotos y volantes que les apoyaran en la búsqueda. Habían quedado sumamente emocionadas luego de un relato épico coronado con una exhibición del pericomóvil.

—¿Podemos subirnos al aparato? —fue la petición de algunas jovencitas más animosas, que soñaban con abordar el exótico transporte volador del club.

—No —respondió el CPAN al unísono, incluyendo a Super Perico.

Pero las jovencitas se salieron con la suya, con un fácil y útil recurso:

—¿Y si les fabricamos un pericomóvil mejorado?

Decidieron organizarse para crear con sus artes infantiles nuevas versiones del extravagante aparato volador. Aunque todos los modelos seguían necesitando de nuestro héroe para desplazarse por el aire, los resultados fueron sorprendentes: ahora tenían varios tipos mucho más seguros y confortables para uno, dos, tres y hasta ocho pasajeros. También desarrollaron modelos para transportar uno o dos adultos.

El pericomóvil consistía básicamente en un asiento sostenido por amarres y varas a un aro metálico. El modelo para cuatro niñas, que fue el preferido desde un principio; formaba un prisma cuadrado, que adquiría rigidez gracias a unas varas de madera entre cosidas con una red de hamaca en ambas bases, y un decorado de hilos colgantes. 

Exhibía numerosas líneas de tejidos que le daban firmeza y permitían sentarse cómodamente sin caerse. Las cuatro niñas sentadas miraban en direcciones diferentes, y la parte superior estaba coronada por el aro que el perico levantaba.

Este modelo para cuatro resultó inesperadamente cómodo en el aire, aunque no así en el despegue o en el aterrizaje. En ocasiones, al tocar tierra, sus pasajeras quedaban atrapadas varios minutos por las redes de la hamaca; como si se trataran de redes para cacería.

Con paciencia y entrenamiento, aprendieron a subir y bajar rápidamente sin enredarse con las líneas de tejido. El defecto del diseño era sufrido especialmente por los pasajeros esporádicos, quiénes no estaban acostumbrados a estos inconvenientes.

En agradecimiento por su ayuda, conforme a su deseo; se les permitió a todas las niñas de sexto que colaboraron en el proyecto darse unos cuantos paseos en el pericomóvil. Por precaución, habían eliminado de los encuentros a cualquier niña que conociera de la señal del conejo o de los planes del doctor Sancho.

Gracias a las alumnas de la Dayamai, Super Perico había acumulado una considerable dotación de fotos y volantes para distribuir. Se le ocurrió solicitar ayuda a los animalitos de la zona. Fue una excelente oportunidad para practicar su capacidad políglota incrementada con sus superpoderes. Tuvo largas arengas con aves, ratones, ardillas, y muchas otras especies de la montaña y la ciudad.

Su sospechoso preferido como secuestrador seguía siendo el Amigo; aunque como siempre, no tenía nada que lo vinculara con el caso. Ya casi lo había eliminado luego de explorar abundantemente la hacienda Amadi. 

Con las nuevas fotos, retornó a las andadas en la dicha hacienda. Esta vez contactó a los ratoncitos. Estos podrían explorar concienzudamente la localidad, con mucha mayor experiencia y habilidad que la mayoría de las especies. 

Super Perico no quería a los gatos y sospechaba de las malas intenciones de los perros, así que no los tomó en cuenta. A su entender, los ratoncitos, pajarillos y ardillitas eran mucho más de fiar…


—Siguiente entrega disponible el 15 de junio del 2026
—Libro completo disponible en octubre del 2026


Ver también: Un amo digno de su sirviente, Arte Lancelot

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