Página 1: El Tacto Vacío
Mis manos se extienden al aire, buscando el relieve de tu cara,
pero solo encuentro el frío de una alcoba que no dice nada.
Palpo las paredes, los bordes, la ausencia de tu mirada,
soy un náufrago de sombras en una corriente estancada.
Si pudiera tocar el rastro de tu mano en la almohada,
sabría que no soy un fantasma que habita en la nada.
Pero el tacto me miente, la piel ya no siente el calor,
solo la textura rugosa de este eterno y mudo dolor.
Página 2: El Laberinto del Eco
Grito tu nombre al vacío y el eco me devuelve el silencio,
como si el mundo entero hubiera olvidado nuestro comienzo.
¿Es mi voz la que vibra o es el miedo que late en mi pecho?
¿Estás realmente lejos o estás bajo este mismo techo?
Sigo los pasos que mi mente dibuja en el suelo frío,
tratando de llenar con recuerdos este inmenso vacío.
Cada sonido es un engaño, una nota que el viento se lleva,
mientras mi alma te busca en una noche que nunca se eleva.
Página 3: La Prisión del Recuerdo
Dicen que el tiempo cura lo que la vista no puede ver,
pero mi reloj se detuvo justo antes de tu partida ayer.
Me alimento de sombras, de escenas que vuelven a nacer,
en el cine de mis párpados donde no te dejas de mover.
Cierro los ojos con fuerza para no perder tu silueta,
pues en este mundo oscuro eres mi única meta.
Pero el recuerdo es traidor, se desdibuja con la distancia,
y me deja solo el hambre de tu bendita fragancia.
Página 4: El Ayuno de los Sentidos
He dejado de comer, pues el gusto se fue con tu boca,
la miel de la vida ahora me sabe a arena y a roca.
¿Para qué quiero el mundo si mi voluntad está rota?
¿Para qué quiero el juicio si mi alma se siente loca?
Me he sentado a esperar que el destino decida el final,
en este banco de piedra donde el bien se confunde con el mal.
Sin olfato, sin voz, sin la luz de un faro espiritual,
solo soy un vestigio de un amor que fue casi inmortal.
Página 5: La Duda del Ausente
¿Y si ya pasaste frente a mí y no pude sentirte?
¿Y si gritaste mi nombre y no alcancé a oírte?
Esa es la condena de quien no pudo despedirte:
vivir esperando a quien quizá nunca quiso irse.
El corazón pregunta si el sol todavía calienta la acera,
o si la primavera se ha vuelto una eterna espera.
Un amor ciego no tiene brújula, ni mapa, ni bandera,
solo tiene la fe de que tu amor es su última frontera.
Página 6: El Umbral de la Entrega
Aquí sigo, princesa, con la luz apagada en la frente,
amándote más que aquellos que te tienen presente.
Porque ver es fácil, lo difícil es sentirte latente,
cuando el mundo te jura que ya eres un sueño ausente.
Si la realidad es no verte, prefiero seguir en mi engaño,
donde no existe el tiempo, ni el roce cruel del daño.
Muéstrame la luz o condéname a este invierno huraño,
pero no me quites la sed de este amor tan extraño.
By Cartel Florentino
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