Siempre fui cercana a la muerte. Me gustaba decir que era como un gato negro, a veces al lado mio, a veces mirandome de lejos, pero siempre conmigo.
Nunca fue una relación saludable, yo nunca le tuve miedo, pero una vez que la enfrenté por primera vez dolió, porque uno nunca espera que la muerte llegue tan rápido, que sea capaz de apagar un alma y llevarla; pero no dije nada, lo entendí, y seguí adelante.
Al año siguiente la volví a ver, creía que ya era una broma pesada, no podía ocurrir dos veces en tan poco tiempo; pero aspiré aire, lo mantuve, lo solté y seguí de largo.
Cuando pasó un año respire tranquila, la muerte seguía conmigo, taladrando mi cabeza, pero aún así seguí soportando, sin tenerle miedo, sin querer darle ni un mínimo de atención.
Hasta que ese año terminó y la volví a ver cara a cara, pero esta vez el dolor fue totalmente profundo, una puñalada que nunca esperé que llegara, y sentí tanto miedo que por primera vez sentí que me arrodillaba ante ella y le rogaba que se fuera. Nunca funcionó, y sentí que esa relación que poseíamos se rompió totalmente.
Comencé a sentir un miedo constante, ni siquiera respeto, era como encontrarla en todas las esquinas y que me pegara un susto en cada una de ellas.
Hasta que no sentí nada por ella, simplemente un día fue como si llamara a mi puerta y quisiera que me acercara, y yo estaba tan hipnotizada que casi caigo en sus brazos, y sentí tanta vergüenza, ¿Cómo podía querer caer en algo que me arrebató tanto? Ese gato que estaba junto a mi me rasguñó, intentando llegar a mi, y ahí me di cuenta que enfrentarla no era la solución, que debía alejarme, y baje las defensas, creia que con alejarme era suficiente, que nunca volvería a verla si me alejaba voluntariamente, dejando atras al gato negro y seguir caminando yo sola.
Y a la muerte no le gustó, porque decidió volver un día con todas sus fuerzas, para sacarme lo que más quería, y me derrotó, ni siquiera me sentía enojada. El dolor era tan grande y profundo que no podía ver más.
Y yo juraba que no creía en la mala suerte, pero sentí que era la persona más desafortunada del mundo, porque me habían arrebatado todo.
Así que la relación que al principio fue tranquila terminó siendo de miedo, un miedo total que no podía dejar de pensar que iba a sorprenderme otra vez, que era una mala suerte que estaba apegada a mi. Me di cuenta que ese gato negro iba a estar pegado a mi para siempre, y que el dolor que ese gato trajo nunca mas se iba a ir.
OPINIONES Y COMENTARIOS