Estoy sola, ya no queda nadie. Nadie para cuidar, nadie que me cuide. El teléfono suena cada vez menos. Los mensajes no llegan. Los que me rodeaban ya partieron o están viejos o tienen sus familias.
Encuentro una cierta tranquilidad en la soledad, me queda cómoda. Estoy pensando en buscar dónde ir a vivir para sentirme protegida y cuidada. No es fácil la decisión. Mi casa, mis cuadros, mi música, mis recuerdos de viajes pasados. De la vida pasada…
Cené algo liviano, lavé los platos y abrí mi cama. Me puse el camisón. Preparé un té de manzanilla y mi gusto de todas las noches: unas nueces y cuadradito de chocolate sin azúcar. Es invierno. Tengo prendida solo la lámpara que se encuentra al lado del sillón del living, frente al televisor.
Me siento, me tapo con mi manta y busco algo para ver antes de irme a dormir. ¿Una película o una serie? Mejor una serie, el próximo capítulo es un estímulo para levantarme mañana. No encuentro nada que me guste. Decido apagar el televisor y tomo mi celular. Viajé una sola vez a París, con mi hermana, hace muchos años. Solo dos días mezclados entre otras ciudades. Miro mis viejas fotos de París. Me siento muy cansada, no puedo levantarme para ir hasta la cama. Prefiero dormir un rato aquí, en el sillón, total siempre me despierto en mitad de la noche. Entonces podré ir al dormitorio.
Sueño, estoy llegando a París, es de noche. Camino por Champs-Élysées. Veo aparecer la torre Eiffel con sus luces doradas saludándome, dándome la bienvenida después de tantos años. Me esperaba…
Me acerco y sus destellos dorados se transforman en una luz fuerte, bella, calma. Hay mucha gente, caminan hacia mí. No siento miedo, al contrario, siento una paz y una alegría que nunca sentí antes. Mamá está entre ellos, se acerca a mí. Me sonríe y me abraza.
—Todo está bien, todo estuvo bien —me dice con su voz siempre amorosa.
Miro hacia atrás y me veo en el sillón. El té quedó en la mesita junto con el chocolate y las nueces. Camino con mi madre y todos los que me rodean. No sé hacia dónde, pero sé que es bueno, que no hay dolor, ni miedo, ni llanto. Hay paz y alivio.
Vuelvo a mirar un momento, sigo en el sillón durmiendo.
¿Durmiendo?
© 2026 – Cata Lina
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