Tecla, tecla, tecla, palabra, palabra, palabra, oración. Repetir.
-Edgar! ¡El teléfono! –
Agarrar, hablar, agradecer, colgar.
Tecla, tecla, tecla, palabra, palabra, palabra, oración. Repetir.
Una hoja delante de mi pantalla aparece, no me permite ver lo que escribía
-Error- su voz es baja, pero aterra, era contundente, no había espacio para respuestas.
El pulso aumenta, la garganta se cierra, el aire no alcanza, la boca se seca.
Un error, hubo un error.
Me levanto, miro a los costados, me inclino, pido perdón.
-Que no vuelva a ocurrir- tajante, no dice nada más, se aleja.
Se me aguan los ojos, busco miradas que no existen, necesito salir de acá.
Pido ir al baño, camino, miro atrás. Corro.
El baño parecía estar más lejos de lo que estaba.
Me voy a un cubículo, miro la nada, me dejo caer en el suelo, con las rodillas en el pecho, buscando aliento.
Las lagrimas empiezan a caer, lento, rápido, furiosas. No puedo parar, no quiero parar.
Las voces que repiten mi error son muy fuertes, no se callan, cada vez hablan mas alto, hasta que gritan y me obligan a taparme los oídos.
Pido perdón, a mi jefe, al damnificado, a mí mismo, a dios.
No puedo más, pero si paso un minuto más acá van a dudar de mi excusa al baño.
Salgo del cubículo, me miro al espejo, me lavo la cara para eliminar las lágrimas, tengo unos anteojos para ver de lejos enganchados a la camisa, me los pongo para disimular los ojos rojos e hinchados.
El espejo me devuelve la vista de un hombre demacrado, me veo, intento no mirar detalles.
Sonrío, una vez, dos veces, tres veces. Cada vez amplio más mi sonrisa, hasta que se vea creíble. Tomo aire, lo suelto y salgo del baño.
Un error, uno más.
Si ocurre otro, mi próxima escapada va a ser a la azotea, a la cornisa.
OPINIONES Y COMENTARIOS