Pies descalzos, mate cocido y un pan duro tardío
Y el destino se impone con crudeza en un baldío
Solo Dios es fiel testigo de nuestro sufrimiento
Y las plegarias no hacen el debido escarmiento
Por las noches el frío que cala duro los huesos
Y pocas manos solidarias que ofrecen unos pesos
El pan nuestro de cada día en la mesa se ausenta
Y el sudor de tu frente es el que aumenta
Tu palabra reconforta el espíritu de los necesitados
Y sólo el Señor se regocija ante los bienaventurados
Un infierno de carencias y privaciones
Y una vida plena de dolores y vejaciones
El sendero que marcaste con ejemplo en tu vida
Y la esperanza que acompaña al que lo camina
Un niño que con su Fe lucha por un futuro mejor
Y la mano que lo toma es la de Francisco y el Señor.
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