Te extraño en cada rincón donde aprendí a ser yo

Te extraño en cada rincón donde aprendí a ser yo

ESTEFANYA PARRA

08/02/2026

No eran lujos, era la forma que tenías para enseñarme la vida. No necesitaba esperar a que llegara navidad y celebrar mi cumpleaños pues tu fuiste el responsable de hacerme sentir que cada día era especial.

No sé a partir de qué edad un niño puede guardar recuerdos hasta su adultez, hoy que tengo 30 años lo recuerdo como si hubiera sido ayer, no tengo las horas precisas, pero si cada emoción y recuerdos puntuales junto a ti.

Hasta que cumplí 10 años, supe quién era mi padre, pero años atrás no me hacía falta porque tu estabas allí, como amigo, cómplice, mi figura paterna, esa persona que me enseño con el ejemplo y hoy vive en mi memoria.

He tenido días difíciles, o así los he querido ver, extraño tanto ese pedazo de pastel con crema y grajeas que tenía para comer cada vez que llegabas a casa, esa rica chocho banana y esos paseos sin rumbo fijo.

Me enseñaste que los sabores ahora se han convertido en personas, los aromas puedes atravesar años en la historia, que los abrazos tuyos se sentirán tan únicos cada vez que me sienta en paz en los brazos de alguien más, y que la vestimenta más simple será la que más alegría dibuje en mi rostro.

Tuvimos muchos paseos juntos, pero el que más recuerdo es donde vestía un traje tejido, era un suéter y una falda con un par de chanclas. Ese día grabo un montón de emociones en mi o parece que la lluvia cada vez que llega hace que estes tu ahí de alguna manera. Aquel paseo en el que mi traje era aquel, llovía como si el cielo estaba invitándote a acudir a sus instalaciones, la lluvia fue tan fuerte que nos empapamos por completo, pero nada nos impidió llegar hasta la iglesia donde estaba la virgen a la que le tenías mucha devoción.

Madre mía, cuídame a donde sea que vaya, tú sabes cual es mi sueño. Eso es lo que te escuché decir, jamás supe cuál era ese sueño, así que solo cerré los ojos como tú lo hacías y agaché la cabeza mientras orábamos.

El lodo fue el protagonista en el regreso a casa porque tenía mis dedos totalmente manchados, pero no me importaba, jugué en cada charco de agua que había en el camino contigo como si fueras de mí misma edad, eras un niño más, lo simple era felicidad en aquel entonces.

Eras lo que nunca pedí y la vida me regalo, eras mi padre, no solo mi tío. Hay que saludar, mirar siempre al frente, decir la verdad, respetar para que te respeten, cuando sientes que algo que dirás lastimara a otro no lo digas, imagina que serias tu autodestruyéndote, ama con mucha intensidad y perdona a quien no ha tenido la intención de lastimarte, pero lo ha hecho y jamás olvides perdonarte a ti mismo. Esas fueron tus últimas palabras.

Ultimas porque cambiaste por completo, la pena inundo tu corazón y no dejaste de beber, con el tiempo el alcohol hizo lo suyo en tu cuerpo. No te reconocía, habías crecido demasiado, eras un tío grande, y algo pesado porque tu cuerpo se hincho y te costaba respirar. Pasaron unos meses y de pronto aquella mañana en la que mi madre grito «Jesús, ¡no!, Jesús» era el inicio de mi día más triste.

Partiste de esta vida, dejándome un montón de recuerdos. No me viste triunfar en la vida, no celebraste conmigo ese diploma, esa medalla, ese logro que sin pensarlo llego, no me viste liderar un grupo de personas hacia un mismo objetivo, no conociste a los enamorados que tuve hasta esta edad y no pudiste decirles: ese no me gusta.

Recibir una mala notica no pasaba de una mala nota, que me castigaran por algo que hice mal, pero ser la persona que comunicara una mala noticia jamás fue mi propósito y mucho menos me sentía preparada, la vida ciertamente no nos indica como dar una buena o una mala noticia a otras personas sin generarles el suficiente daño o la alegría precisa.

Entonces me toco hacerlo por primera vez. Tenía que salir de casa he ir a la de mis otros tíos para que empezaran los papeles de defunción porque no murió en el hospital sino en casa y lo que tenía que decir es: a muerto el tío Jesús. Aquella mañana corrí tanto como pude porque ni siquiera recuerdo la ropa que vestía, que zapatos use o si estaba o no peinada, acababa de despertarme y mientras bajaba las gradas ocurrió todo. 

Ya en la calle, mi corazón se aceleraba como cuando corría sin un bocado de agua y pensando en terminar como sea esa ruta. Llegue a casa de mi tía y simplemente las palabras eran incapaces de salir de mi boca, las lágrimas no tenían un ritmo fijo para caer de mis ojos, la respiración parecía que me faltaba, no podía asimilarlo, no era capaz.

Se termino todo lo que para mí era felicidad, desde los 8 años empecé a perder a las personas que amaba y tu coronaste la lista. Pensé que te había superado, pero me hace falta alguien para conversar, para abrazar y que me llevé a la iglesia a rezar con el corazón abierto.

Quizás necesitaba escribir un poco de ti para que vivas en mis escritos, quizás hoy que han pasado muchos años hay algo dentro de mí que guarda tu recuerdo. No sabía que escribir hasta que apareciste tú, miro al cielo y digo: tío ayúdame, ayúdame a recuperar quien soy. Ayúdame solo un poco…

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