Aventura mensual: Super Perico y Un amo digno de su sirviente (25 de 32)

Aventura mensual: Super Perico y Un amo digno de su sirviente (25 de 32)

Arte Lancelot

15/02/2026

Las aventuras de Super Perico


Un amo digno de su sirviente

Primer movimiento


Vigésimo quinto movimiento: Discusión

Versión en audio:

Al igual que muchos, el magistrado León acostumbraba a solicitar favores al conocido delincuente el Amigo. Los abigeos tenían órdenes de no contactar al gobierno en caso de arresto, pero tales promesas no eran demasiado firmes y lo harían si pasaba mucho tiempo sin una reacción de su parte. 

Con la complicidad de la policía, era poco probable que tales contactos fueran investigados. Aun así, el sistema de corrupción por su misma naturaleza jamás alcanzaba la estabilidad, mientras coexistían obligaciones contradictorias y compromisos por cumplir. El Amigo era hombre inteligente, sabría silenciar cualquier problema, tomado en el «buen sentido» corrupto.

—El magistrado León nos pide ayuda por unos cuatreros. Son gente de fiar, pero los idiotas tienen como cien testigos en contra. Nadie quiere involucrarse —el hombre que hablaba era el mismo que disparara de primero a Super Perico.

—¿Fue nuestro periquito? -preguntó el Amigo.

—Lo ignoro.

—Pues deberías informarte mejor. Claro que fue obra de Super Perico. Hacerse el tonto es siempre la opción más inteligente, solo una ave tonta y malagradecida no lo entendería.

—¿Va a dejarlo ganar?

—¿Y por qué no, alguien tiene que ser arrestado alguna vez? El mundo sería una mierda si no… Demasiados testigos y poca camaradería. Ayudamos a los amigos, pero no hacemos imposibles —tal respuesta, equivalía a abandonar a los abigeos en la cárcel. Cuando el Amigo daba su sentencia, había ya poco que hacer.

—¿Qué le decimos a los cuatreros?

—Diplomacia y amistad; averigua lo máximo que puedan pagar y asegúrate de no bajar del triple —respondió muy complacido con su hipócrita astucia.

—El magistrado León no estará contento con servicio tan mediocre. Por nuestra propaganda, se supone que somos los mejores.

—Garantía de seguridad y diversión en prisión, negocia el botín y el decomiso para una pensión gubernamental, cuándo y con la forma que nos dé la gana. Agrega una regalía de mi parte: un celular furtivo, eso les encanta. ¿Me estoy excediendo? —Su organización delictiva contaba con suficientes contactos y operaciones al interior de las prisiones cercanas.

—Si fuéramos los únicos, me opondría. ¿Y si consiguen algún alcahuete que pague el triple? —preguntó el subalterno para concluir el asunto.

—Respetaré mi filosofía: con amistad la vida es completamente diferente.

El Amigo comprendió de inmediato que habían abandonado a los peones. El magistrado León bien podría manipular a los jueces sin su ayuda. Si no recurría directamente a defenderlos era porque no valía la pena el riesgo. 

Pero los cuatreros podrían volverse problemáticos. Si eran inteligentes podrían conseguir algún apoyo beneficioso, pero potencialmente perjudicial para alguno. 

Ante la renuncia del gobierno, su mayor esperanza hubiera sido el Amigo, quien tampoco se mostró interesado. Con tan pobre apoyo lo mejor para los abigeos sería aceptar su fracaso. Conformarse con algunos beneficios en prisión a cambio de sus pillerías, sin exponerse a mayores dificultades. El grupo del Amigo aseguraría la cooperación pacífica en este escenario.

¿Qué dijeron los noticieros? Pese a la creciente persecución contra los policías aficionados, la justicia informal conservaba un importante sector de la población que la apoyaba. 

Si eras un policía aficionado en Haram y pretendías llamar la atención; nadie dudaba que tu nombre aparecería tarde o temprano publicado en los noticieros. Sin embargo, el precio a pagar ante la sociedad era ser considerado un incompetente. Se aplicaba entonces la curiosa regla de oro de la prensa para los informales: nunca apareces si haces bien tu trabajo.

Tanto la prensa, el gobierno, la cooperativa y la policía colaboraban en mantener el anonimato de los miembros de la CASPA. Se decía era lo correcto. La mayoría de los lectores estaba convencida que un policía aficionado deseaba mantener el anonimato. Si ocurría lo contrario daban por hecho un pequeño desastre. ¿Por qué pensar diferente?, todos eran cómplices de los supuestos beneficios del silencio.

Para Haram la prensa era un medio de entretenimiento morboso, especialmente diseñado para organizar las actividades de las clases enriquecidas. No era normal que un reportero colaborase con la policía ni mucho menos con los policías aficionados. No se esperaban noticias de los cuatreros, de persecución política, del Amigo o de la señal del conejo.

Se decía que la publicidad era aliada de la delincuencia y enemiga de la justicia. En una interpretación positiva, la investigación periodística simplemente estorbaría a los policías aficionados. El silencio era una forma de respetar el secreto necesario para la actividad.

A los reporteros se les aleccionaba que debían respetar las instrucciones de la policía o de la cooperativa en torno al anonimato de sus miembros. El secreto en su identidad se conseguía la mayoría de las veces.

Si ingresabas a la cooperativa y hacías un trabajo razonable; tu nombre nunca debería aparecer publicado en la prensa. Ver tu nombre impreso era señal que habías caído en desgracia. Como excepciones importantes, era socialmente bien visto el homenaje a los actos heroicos: para novatadas curiosas, jubilados y difuntos.

Cuando una investigación era apropiada para los lectores, normalmente se describiría como un trabajo conjunto entre la policía y la cooperativa. Sus respectivas oficinas de prensa tomarían la decisión de los nombres que debían ser mencionados, si es que publicaban alguno.

Con tales antecedentes, a nadie le llamó la atención que ni Super Perico, ni las niñas, aparecieran mencionados en la prensa. Informaron sobre la participación del sargento Joel quien actuaba en coordinación con miembros aspirantes de la CASPA que pidieron el anonimato. Era el comportamiento habitual y el recomendado para los reporteros.

El siguiente paso en el cronograma de las niñas y Super Perico, era solicitar la admisión en la cooperativa de policías aficionados. Chloe consiguió el apoyo de varios campesinos para generar documentos de recomendación que aceleraran los trámites. Todo se llevó a cabo con gran éxito, pues en la CASPA quedaron encantados con el trabajo y les prometieron a las niñas acelerar el proceso de convalidación gratuitamente. 

Siguiendo las recomendaciones de la misma cooperativa, y aprovechando la generosidad de varios campesinos, crearon un fondo para la formulación de una recompensa retrospectiva de origen privado. El dinero sería recolectado y custodiado por la misma institución, la cual compartiría con el gobierno un porcentaje acorde con la ley. La cooperativa se conformaría con su derecho sobre las recompensas de sus asociados. Las recompensas civiles podían ser custodiadas por la CASPA sin costo para el pagador. Ellos se responsabilizaban de su entrega o su devolución íntegra, en caso de fracaso del proceso judicial necesario para autorizar el pago retrospectivo por el arresto.

No existía ningún AAC que vinculara a los cuatreros, aunque se encontraron acusaciones confusas que por diversos actos de corrupción no habían terminado en un arresto consolidado. Para ser admitido como miembro de la cooperativa se podía ingresar casi inmediatamente aprovechando los casos de autorización para el arresto civil o AAC; o bien, por la alternativa lenta, mediante una convalidación. La CASPA tramitaba las convalidaciones gratuitamente, pero también estaba autorizada a cobrar según su propio criterio para acelerar los trámites. La decisión final correspondería siempre a la policía y los tribunales. En su forma gratuita los trámites podían tomar años. El dinero, los actos meritorios, los contactos, y la documentación apropiada aceleraban el proceso para los nuevos postulantes.

Luego de un par de semanas, ante la falta de oposición de una jerarquía corrompida, por primera vez la policía se sentía segura de poder condenar a los cuatreros de nuestra historia. Las niñas se dieron por satisfechas. 

Oficialmente no habían ingresado todavía a la Cooperativa de ahorro y socorro de los policías aficionados. En un sentido estricto todavía no habían cumplido el plazo extendido de dos meses para su primer arresto y consecuente ingreso al CASPA. Pero en vista del optimismo general; el club decidió dar por cumplido el requisito. Efectivamente, su primer arresto lo habían conseguido en menos de un mes; pero los trámites retrasaban el plazo máximo de dos meses para ser reconocidas como miembros activos.

La celebración por su reciente éxito tuvo también su dimensión religiosa. Super Perico se unió a las chicas en una curiosa peregrinación devota, que podría resultar algo extraña a los extranjeros, pero que al interior del país constituía una tradición de varias décadas fuertemente asentada.

Una de las tradiciones en Haram para rogar o agradecer por las llamadas misiones imposibles y logros extraordinarios, era peregrinar al santuario de la Virgen Submarina.

Una imagen de la Virgen fue robada como parte del botín de unos piratas hacía cientos de años. Para desgracia de los ladrones, su barco quedó atrapado en una tormenta y se hundió en el océano. Décadas atrás, el barco fue encontrado y parte importante del botín fue recuperado y enviado a los museos.

Por causas desconocidas se decía que la Virgen Submarina, como se comenzó a llamar a esta advocación, no quería que su imagen se marchare del lugar del naufragio. Los lugareños habían decidido respetar esta presunta decisión.

Así el barco se convirtió en un templo curioso que junto con algunos elementos de la colección que atesoraba, no tardó en ser declarado patrimonio histórico. Se construyó una gruta artificial en el interior del naufragio, que desde ese entonces fue visitada por buzos y submarinos turísticos.

En su tramo final y el más importante, la peregrinación a la Virgen Submarina se realizaba en traje de buzo. Los guardacostas encargados de vigilar la zona exigían, por respeto a la tradición católica, que se utilizara un traje especial conocido en la región como traje de buzo estilo astronauta. Su empleo era obligatorio para ingresar al templo submarino. No así para los alrededores del hallazgo, en los que se podía curiosear con una indumentaria menos estricta.

Fue idea de Mariazinha visitar a la Virgen Submarina en agradecimiento por el éxito de su anterior aventura. Se decidió que Super Perico las acompañaría solo en la superficie hasta justo antes de la inmersión; pues, como ave no podría sumergirse bajo el agua.

El pajarillo lamentó con resignación este inconveniente. Pero al llegar, les sorprendió descubrir que los pescadores tenían amplia experiencia con jaulas para mascotas. Las adaptaban fácilmente como extensiones a los trajes de buzo estilo astronauta. Tales artefactos tenían un comercio en crecimiento y bien establecido. De última ahora, se alquiló una jaula submarina modificada para mascotas; y así, también, nuestro héroe pudo acompañarlas en la peregrinación bajo el agua.

Terminada la actividad religiosa, acordaron separarse unos días para otorgarse un descanso antes de continuar con sus investigaciones.  

Esta fue la primera vez que Super Perico pudo experimentar del océano y quedó encantado. Cuando se despidió del CPAN, en vez de retornar inmediatamente a Egeria o a sus propias tierras; pasó el resto del día entretenido horas y horas volando sobre las olas y disfrutando a sus anchas.

En cuanto a las niñas, retornaron a la ciudad de Egeria sin la compañía de su protector. Apenas a su regreso, tuvieron un altercado entre ellas. El motivo de sus gritos y fuerte discusión giró en torno al futuro de la supermascota:

—Super Perico ha insistido tantas veces que se hará matar por nosotras si fuera necesario —comenzó Astrid.

—Estupendo que lo haga. Nosotras somos niñas lindas y delicadas; él solo un animal. Los seres inferiores deben morir por los superiores. Es la lógica de la naturaleza y lo correcto ante Dios y ante los hombres; no te preocupes —afirmó Chloe con absoluta seguridad.

—Pero…

—Pero ¿qué? —cortó Chloe enfadada al ver que no se aceptaba su afirmación inmediatamente.

—Me siento culpable que Super Perico tenga que morir en lugar de nosotras —dijo Astrid.

—¡Veo que eres bien idiota!

—No me llames idiota…

Una vez que había empezado, no era fácil que Chloe se retractara de un insulto si es que lo hiciera:

—Sí, ¡idiota! ¿Quieres morir?, te he dicho que si vas sola te van a matar. Dios que está en los Cielos también lo ha previsto y por eso nos ha mandado a Super Perico. ¿Si el príncipe azul da la vida por ti, le vas a decir que no? Todavía con un hombre se puede comprender que tengas orgullo de igualdad y te imagines culpable. 

«A mí me parece estupendo que los hombres se maten en sus guerras tontas y las mujeres no. Por eso dice la periodista Vanesa que las mujeres deberíamos gobernar el mundo, para que haya paz. ¿Qué esperas que envíen los ángeles del Cielo para salvarte la vida? Si mandan un ejército a dar la vida por ti, seguro te sentirás peor… Ahora mandan un perico y te sientes culpable».

—¡No te entiendo!, simplemente me siento culpable. Eso no tiene nada de malo, te exijo que me pidas perdón por llamarme idiota —Astrid también estaba perdiendo la paciencia y comenzaba a gritar.

—¿Qué le pides a Dios para salvarte la vida? ¡Un elefante rosado…! Le estás atando las manos a Dios y a todos los que te quieren salvar y tú no los dejas. De qué forma puedo hacerte entender que te quieren ayudar a salvar a tu madre. Solo que nadie quiere que mueras en el intento. Ahora no vas a permitir que ni los ángeles te manden un perico. 

«La cabezona tampoco está conforme. ¿Entonces quién puede salvarte la vida? La supermosca radioactiva… No te pediré perdón porque tengo la razón. ¡Eres una idiota! ¡Idiota! —Chloe se sostenía firme en su reproche. Ahora ambas gritaban sin importarles el pequeño escándalo que estaban armando».

—¡No hablen así!, ¡Y tú deja de insultarla!… —suplicaron tanto Mariazinha como Melody. Las demás comprendían la necesidad de la ayuda del periquito, pero se pusieron de parte de Astrid para presionar a Chloe a pedir disculpas.

—Tengo miedo de que nos maten. Solo porque esta tonta no acepta la ayuda del Cielo por un enredo infernal que tiene en su cabeza. Según la señorita, todo tiene que ser perfecto según unas reglas absurdas que solo ella las cree. ¿No es acaso una completa babosada? Ni que los pericos fueran iguales a los humanos —Chloe seguía hablando a gritos. Sus palabras salían entrecortadas por una mezcla de rabia y desesperación por su amiga.

Astrid, un tanto más serena, fingió por un momento darse por vencida:

—¡Tú ganas! Está bien que Super Perico muera en vez de cuatro niñas lindas. 

«Pero Super Perico es el que puede salvar a mi madre, tu misma lo dijiste. Así que si yo me hago matar por mi mascota entonces estoy salvando a mi madre. ¿Qué dices a eso…?»

Chloe explotó. Estaba harta de la discusión que tanto le irritaba. Entonces le dio una bofetada…

—¡Ya basta! ¿por qué la golpeas? —Melody agarró firmemente a Chloe en sus brazos.

Chloe no se resistió. Más tranquila que antes, como si se sintiera segura de su triunfo, comenzó a burlarse de todas:

—Ahora resulta que hay que hacer estallar la ciudad, porque Super Perico es el único que puede salvar el planeta. 

«¡Pues que estalle la ciudad de Egeria, es mejor que se salve el planeta Tierra!, —exclamó en un delirio burlesco, sin importarle que fuera bien comprendida— ¡aquí solo escucho babosadas! No os impediré que salven el planeta Tierra, aprieten el botón de una vez y matemos a todos en la ciudad».

Pero Astrid si había digerido la broma:

¡Ya dije que tú ganas!, está bien que un perico muera en lugar de nosotras cuatro.

—¡Así se habla…! solo me estoy asegurando —explicó Chloe.

—Pero…, hay algo más que quiero decirte —evidentemente Astrid todavía no se daba por vencida.

—¡Y dale con esta necia! —dijo fastidiada.

—Dale la oportunidad —intervino Melody—. Como eres la más lista de la clase. Crees que eres la única que puede decir algo inteligente.

—Habla tranquila, no te detendré. Tómate tu tiempo y luego será mi turno para refutar.

Conforme es costumbre en Haram, Astrid probó suerte con frases religiosas. Creía entrever alguna forma de volcar la discusión.

—La Biblia dice que al que mucho se le da, mucho se le pide. Y al que poco se le da, poco se le pide. Pues, aunque parezca vanidosa, yo creo ser la niña a la que se le concedieron diez talentos.

—¿Se puede saber cuáles son esos diez talentos? —interrogó Chloe, quién veía muy natural que una niña presumiera de sus propios dones.

—Pues un montón; decía mi mamá… No te parece que tener un perico con superpoderes es un gran honor y un enorme talento que nos han dado gratis, y en realidad, no merecemos. Está es la duda que me inquieta: si no hacer uso de ese talento sería cometer una especie de delito. ¿Qué opinas? —respondió Astrid muy orgullosa de sus propias conclusiones.

Chloe vitoreó las últimas afirmaciones de Astrid. Muy satisfecha dio un veredicto que ya había previsto, pero no había conseguido abordar hasta entonces:

—Me habéis convencido completamente. Para ser honesta, yo también había llegado a la misma conclusión, pero no se los había querido decir —Chloe hablaba como si hubiera dominado completamente la conversación desde un principio—. Está decidido: haremos que Super Perico rescate a tu madre. Si nos rendimos por ser unas buenas para nada, o bien cuando terminemos el trabajo que le corresponde a la policía. Sin importar la manera en que todo termine, le pediremos a Super Perico que se largue y busque algo más útil que hacer. Se está desperdiciando con nosotras.


—Siguiente entrega disponible el 15 de marzo del 2026
—Libro completo disponible en octubre del 2026


Ver también: Un amo digno de su sirviente, Arte Lancelot

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