La noche avanzaba, y el parque comenzaba a vaciarse. Las farolas lanzaban sombras largas sobre el sendero, y el crujir de las hojas bajo sus pasos era lo único que rompía el silencio. Ayaka caminaba a su lado, las manos en los bolsillos del abrigo, su bufanda azul moviéndose suavemente con el viento. —¿Sabes? —dijo...
Seguir leyendo
8
0