Obras Independientes

Obras con la etiqueta: gratitud

Uno no pierde amigos de golpe. Los amigos se van quedando en otras calles, en otros trabajos, en otras ciudades, en otros bares, en otros cansancios. Se quedan como monedas en el bolsillo de un saco viejo: siguen siendo tuyas, pero ya no las usas. A mí me ha pasado con muchos. Con los amigos...
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Este es un texto de agradecimiento a dos personas que nos inspiran y nos han ofrecido la oportunidad de plantear con contundencia el país que queremos.
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Hace unos años viajé a España con un par de amigos. Uno era Carlos, aunque decirle Carlos es casi una falta de respeto. Para nosotros es el Bala. Mi amigo de toda la vida. En realidad, mi hermano. No de sangre, pero sí de esos pactos invisibles que uno firma en la infancia sin saberlo...
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Gato Interespacial

Ojo de Gato

Quinto de primaria. Al día siguiente tenía examen de ciencias naturales. Tema: el sistema solar, la rotación, la traslación y todos esos movimientos que la Tierra hace sin pedir permiso y sin marearse. Yo estaba en mi cuarto, supuestamente estudiando. Digo “supuestamente” porque tenía el libro abierto, sí. El cuaderno también. El lápiz en la...
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Mi tío Coco Álvarez no era mi tío de sangre, pero eso es un detalle menor que solo le importa a los notarios, a los árboles genealógicos y a la gente que no entiende nada de la vida. Para mí era mi tío. Punto. Así, sin ADN, sin papeles, sin prueba de laboratorio ni esas...
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Otro Gato

Ojo de Gato

Mi tío Alberto Carrillo nació en Puno, pero él decía que era porteño. Y lo decía con una seguridad tremenda, como si hubiera nacido en el Callao o en Buenos Aires, con barcos, sirenas y olor a mar. Pero no. Había nacido en Puno, frente al lago Titicaca. Puerto lacustre, sí, pero puerto al fin...
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Los 56

Ojo de Gato

Cumplir 56 es raro. No suena redondo como los 50. No tiene la épica de los 40. No impresiona como los 60. 56 es como ese piso del edificio al que casi nadie va, pero donde, si te pierdes, encuentras una azotea con una vista brutal. Ayer me cantaron “Happy Birthday”. Sí, muy a mi...
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El vendedor de queso

Ojo de Gato

Arequipa en los 80 todavía no tenía centros comerciales gigantes ni luces de neón por todos lados. Era más bien una ciudad de volcanes atentos y calles con casas de sillar que te hacían sentir que todo tenía una historia escondida. Yo tenía 14 años, vivía en La Aurora y mis días olían a fútbol...
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Un gato al volante

Ojo de Gato

Cuando era chico, quizá tendría unos catorce, aprendí a manejar antes de afeitarme. No por necesidad, ni por urgencia, sino por una ambición casi litúrgica: ganarme el privilegio de manejar el auto del Gato Mayor, mi papá. El auto en cuestión era una leyenda: un Volkswagen Escarabajo del año 77, color blanco humo, con aros...
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El chaleco de Alicia

Ojo de Gato

Yo era beige. Suena aburrido, lo sé. Un color neutro, tímido, de esos que no buscan llamar la atención. Pero Alicia me creó. Me tejió ella misma hace más de treinta años. No recuerdo cuanto demoró en crearme, pero sí recuerdo el instante exacto en que me puso por primera vez: el calorcito de su...
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La madrugada del viernes me enteré de la noticia. Había fallecido el Tío Carlos, papá de mi hermano de vida, Carlos o el Bala, como todos le decimos. No digo “amigo” porque eso se queda corto. Al Bala lo conozco desde que éramos niños con rodillas raspadas y las manos sucias. Jugábamos juntos, “estudiábamos” juntos,...
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La Pelotita de jebe

Ojo de Gato

Aquí estoy. Tirada. En medio de esta vereda gris como el cielo de esta mañana. Siento el frío áspero del pavimento bajo mi superficie, y un escalofrío me recorre, justo en el recuerdo de su pequeña mano, cálida y firme, pero a la vez tierna y amorosa. Ha pasado ya, no sé cuánto. Días, quizás...
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