14 de Diciembre de 1996

Bueno, no sé cómo se escribe un diario, así que a medida que se me vayan ocurriendo cosas lo escribiré. Sé que me gustan los hombres desde los once años y aún con dieciocho no he podido decirlo, pero últimamente no me siento a gusto con mi cuerpo, no sé por qué, voy al gimnasio, tengo abdominales, y soy bastante guapo, pero no la clase de guapo que me gustaría ser. Recientemente pasé por un escaparate y vi un vestido rojo de corte princesa con manga hueca, el maniquí llevaba un collar de perlas ajustado al cuello y unos pendientes redondos de color hueso, pero para mí, el que lo llevaba era yo, me gustaba verme reflejado en aquel espejo, llevando aquel maravilloso vestido sin que nadie me mirara extrañado. No me puedo imaginar la cara de mis amigos si me vieran con algo así puesto, y menos aún con maquillaje, no lo entenderían. Hace una semana comencé a usar anti-ojeras, me gustó mucho ver mi rostro más iluminado, más delicado.

24 de Diciembre de 1996

Hoy es mi día favorito del año, adoro la navidad, luces, adornos, olor a galletas de jengibre… todo es perfecto. Me he comprado un traje color burdeos con unos zapatos de charol y una corbata negra, me encanta esa combinación, pero a mis padres no les llega a gustar del todo, dicen que así parezco un homosexual, si ellos supieran…

28 de Diciembre de 1996

Estoy llorando, hoy le he dicho a mi mejor amigo lo que sentía por él y se ha reído en mi cara, me preguntó que si era una broma del día de los inocentes y por miedo a su reacción le dije que sí. Me dijo textualmente: “Menos mal que no eres marica porque ya no podríamos ser amigos”, entre risas le pregunté que por qué, y me contestó: “Porque sería raro, ya me has visto desnudo en las duchas del instituto, y no sé… podrías intentar hacerme algo”. Tuve que contenerme las lágrimas y hacer como que todo era una broma, pero al despedirnos y doblar la esquina no pude aguantar más. ¿En serio se cree que sería capaz de hacerle algo? Si ya había avanzado algo para mostrarme tal y como soy, hoy, he dado el doble de pasos hacia atrás.

31 de Diciembre de 1996

Hoy es noche vieja, hoy viene toda la familia a cenar a casa, que emoción. Me encantan las cenas familiares, jugar con mis primos, charlar con mis abuelos, e incluso aguantar los interrogatorios de mis tíos preguntándome por qué aún no tengo novia jaja, siempre consigo evadirlos. Aún estoy pensando en qué ponerme, me gustaría algo más informal, ya que luego voy a salir con mis amigos. Creo que me pondré mis pantalones vaqueros pitillo con mis zapatos de charol, una pajarita negra, camisa blanca y mi chaqueta color vino. Aunque a mi parecer, no iré como yo quiero realmente. Hoy me podría poner ese vestido rojo del escaparate, y bailar toda la noche, y quizás, conocer a alguien especial.

1 de Enero de 1997

¿A caso fue real lo de anoche? ¡Lo hice!, me lancé y ¡lo hice!, me compré el vestido rojo y el collar de perlas, le cogí unos zapatos a mi madre y las extensiones de mi hermana. Indagué en algunas revistas y encontré una técnica de maquillaje llamada contouring, estuve una hora haciéndolo, pero quedó espectacular, parecía realmente una mujer, me parecía a mi yo verdadero. Nunca me había visto tan guapa enfrente de un espejo. Me rellené el sujetador de mi hermana con papel e intenté aclararme la voz tomando clara de huevo cruda pero creo que no funcionó, así que decidí decirle a todo el que me preguntara que estaba resfriada. Me costó bastante acostumbrarme a los tacones, parecía un cervatillo recién nacido dando sus primeros pasos, pero es que en realidad, había nacido de nuevo. Cuando llegué a la fiesta los nervios me estaban devorando las entrañas, para colmo iba sola, no podía ir con mis amigos así vestida. Cuando entré a esa fiesta, ya no era Simón, era Margarett. Me senté en la barra y me pedí un coñac, necesitaba calmar mis nervios, o eso creía, porque nunca me había sentido tan segura de mi misma. Al poco de que el camarero me sirviera, se sentó a mi lado un chico y me preguntó que si no era muy pronto para beber algo tan fuerte, reí tímidamente. Estuvimos hablando durante una hora, creo que no se dio cuenta de mi tono de voz más grave. Me dijo de salir a bailar y acepté, bailamos 3 canciones, me sentí especial, como una princesa, no me acordaba ya de los tacones, no los sentía, estaba volando. Salimos al jardín y me colocó una flor en el pelo, aprovechando ese gesto para acariciarme la cara, cerré los ojos y sentí mi corazón aumentar el ritmo cardíaco, pero no fue solo eso lo que sentí, también sentí el tacto de sus labios, suaves y calientes, nunca había besado a un hombre, bueno, a nadie. Puso su mano sobre mi rostro y la otra sujetando mi cintura. Esa noche, fue la mejor noche de mi vida. Cuando nos fuimos a despedir me pidió mi número de teléfono y al decirle que no tenía me preguntó mi dirección y le dije que nos veríamos en tres días al lado del rio que pasa por el centro de la ciudad, y así quedamos.

2 de Enero de 1997

Otra vez llevando estos horribles vaqueros y esta chaqueta tan grande, no me queda bien, no me gusta usarla. Me evado de esta sensación pensando en qué me voy a poner mañana, no puedo llevar otra vez el vestido rojo, muy elegante para la ocasión. Tal vez le coja algo a mi hermana, puede que me ponga sus pantalones campana con una camisa suelta de manga hueca y unas plataformas de mi madre. Aún tengo que pensar en cómo lo haré.

4 de Enero de 1997

Ayer fue el día más horrible de mi vida. Cuando ya estaba arreglada y vestida sentí la puerta de mi casa abrirse. Era mi padre, ¿no debería estar en el trabajo? Rápidamente me escondí dentro del armario, pero hice más ruido del que quería y mi padre supo que estaba en casa. Cuando subió buscándome me quedé callado en el armario, rezando porque no me encontrará. El corazón me latía muy deprisa. Sin querer di un paso hacia atrás y se cayeron varias perchas. Mi padre abrió el armario y su cara cuando me vio no la podré olvidar nunca. Me sacó del armario y comenzó a gritarme y a pegarme: ¡invertido!, ¡engendro!, y muchas más cosas que no quiero recordar. Estaba en blanco, ¿en serio mi padre me estaba pegando? Al principio era unos bofetones, luego puñetazos, y para rematar se quitó el cinturón y medio con toda su rabia en la espalda y en la cara. Me agarró por el cuello y me sacó a la calle. No paraba de pensar: ¿Por qué a mí? Yo no elegí nacer así… Todo el mundo me miraba, unos chicos de mi instituto estaban en la calle de enfrente y hablaban en grupo, y entre risas y burlas lanzaban algún que otro insulto. ¿En serio nadie iba a ayudarme? Mi padre cuando terminó de humillarme y golpearme me dijo que ningún homosexual entraría en el reino de los cielos, que iría derecho al infierno, y que esa era la única manera de enderezarme, y acto seguido se fue. Durante unos minutos me quedé paralizado en el suelo, no sabía que hacer, no sabía a donde ir. No podía volver a mi casa, no podía acudir a mi cita, y así vestido no podía ir a casa de ningún amigo. Estuve caminando durante horas, sin rumbo, pensando en nada y sintiendo dolor en cada centímetro de mi cuerpo. Cuando oscureció me metí debajo de un puente poco transitado y al lado de los contenedores acomodé unas cajas que encontré y me acosté. A las dos horas más o menos oí un coche acercarse, cuando pasó por mi lado respiré tranquila, pensando que no me habían visto, pero unos metros más adelante se paró y oí como varios hombres se bajaban armando mucho jaleo y diciéndome piropos obscenos, no entendí nada hasta que me acordé de que no era Simón, sino Margarett. Cuando pude darme cuenta dos hombres estaban delante mía, olían a alcohol y a tabaco, intenté huir pero me agarraron. Me dieron la vuelta, me pusieron contra la pared y me intentaron bajar los pantalones, hasta que oí una puerta del coche cerrarse y acto seguido mi nombre. Era el chico que conocí en año nuevo, era un milagro. “Parad, no la toquéis, es Margarett”. Se

agachó y me abrazó “no pasa nada, estoy aquí”, me sentí segura, pero de repente sus amigos lo apartaron y se dispusieron a terminar lo que habían empezado. Me bajaron los pantalones totalmente y acto seguido “¡Joder! Es un tío”. Entre lágrimas busqué con la mirada a mi ángel, el cuál poniendo cara de asco se separaba de mí. “Antonio, ¿En serio has besado a un tío?, ¿Tú también eres maricón?”, y él negándolo me propinó una patada en la barriga, otra en las costillas, y perdí el conocimiento. Hoy me he despertado en urgencias con cuatro costillas rotas y el cuerpo lleno de moratones, ya no llevaba la ropa de Margarett, otra vez era Simón, podía respirar tranquila.

5 de Enero de 1997

Ayer vino mi madre a visitarme, no sabía nada, por alguna razón mi padre no le había contado lo ocurrido, me limité a decirle que me había metido en una pelea para ayudar a un amigo y que acabé recibiendo yo también. Durante toda la tarde mi madre y mi hermana se turnaron para estar conmigo en la habitación, ni rastro de mi padre, mejor. Tengo miedo de que me den el alta, no quiero volver a casa.

17 de Febrero de 1997

Estos días han sido muy aburridos, nadie ha venido a visitarme a parte de mi madre y de mi hermana. Lo único que me ha hecho evadirme de este lugar han sido las noches. En sueños no era yo, era Margarett, era libre. Soñaba que iba al colegio, a clases de ballet, al teatro siendo yo, y nadie me juzgaba. ¿Por qué el coste de mi felicidad es tan alto? ¿Por qué no pude haber nacido en el cuerpo correcto?

18 de Febrero de 1997

Hoy me han dado el alta. Cuando vi a la enfermera traer la ropa de Margarett deseé hundirme en la cama y que nadie me pudiera sacar de ahí. “¿Esa no es mi ropa?” preguntó mi hermana, mi madre me miró extrañada. No supe que decir, quería escapar de ahí, sentía que todo el mundo me miraba, todos me juzgaban, nadie me entendía, quiero irme, me voy, se me acelera la respiración, mis latidos aumentan, no puedo respirar, est… Ataque de ansiedad y me desmayé. Estaba flotando en la oscuridad, pero no entendía por qué la oscuridad era tan bonita, por qué brillaba tanto, me sentía tranquila, me sentía en paz, nadie me juzgaba, nadie podía hacerme daño. Por un momento pensé que estaba muerta, no me acordaba de lo que había pasado, pero no estaba asustada, me sentía segura.

Me había dado una parada cardio-respiratoria, supe que intentaban reanimarme, tenía dos caminos o volvía o me quedaba, por una vez en mi vida tenía el control sobre mi misma. Me miré y llevaba el vestido rojo con el collar de perlas, me toqué el pelo y no llevaba extensiones, era mi pelo, era Margarett. Con lágrimas en los ojos, dije adiós a Simón, y elegí mi libertad.

6 de Mayo de 2017

Nota del autor

“No permitamos que estos jóvenes encuentren la libertad en la muerte, otorguémosela en la vida.”

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