Él ya estaría tomándose un daiquiri en el Malecón. Colofón a una semana de desenfreno demasiadas veces repetida. Un estupendo desayuno con champán en el magnífico bufé del hotel, sorprendiendo a otra jovencita morena a la que nunca volvería a ver. Un baño en el mar antes de regresar a la fría Europa. Una hamaca en la orilla, acariciados los pies por las olas. Cerró los ojos, el último daiquiri en La Habana. Adiós a Varadero. Escuchó la moto acuática. Su anciano y gastado cuerpo no reaccionó. Nunca salió de la playa.

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