Era mi último año en la Universidad, cuando me asignaron pasantías en Hong Kong , lugar que no conocía así que partí muy entusiasmado rumbo a Asia.

Había elegido una carrera rara, teniendo en cuenta que mi familia era tradicionalmente de cocineros. Mis padres intentaron convencerme para que tomará las riendas de su restaurante, cosa que no hice ni haré nunca.

Cuando por fin pude instalarme comenzó a correr una noticia acerca de un virus que estaba afectando a una ciudad china.

Confieso que no le di mayor importancia al tema, ya bastante tenía con adaptarme al lugar.

La Universidad a la que asistiría era un gran edificio, moderno, complejo , donde se veía gente de muchas partes

El laboratorio estaba en el primer piso , por suerte, ya que me canso un poco al subir escaleras, a causa de mi diabetes.

La cátedra es en inglés, mi lengua materna, asi que al comenzar , todos nos presentamos al profesor.

Una estudiante que estaba delante de mi , dijo su nombre tan rápido que lo que entendí fue » Miluna».

Era una joven que se reía por todo, y agradecía por todo haciendo reverencias rápidas , rápidamente se ganó la simpatía de todos.

La comenzamos a llamar Miluna, le iba perfecto pues su cara redonda y demasiado blanca recordaban a la luna llena.

Todos los pasantes compartíamos salidas, horas de estudio , cenas en casa; una maravilla de convivencia.

Dos semanas después de llegar mi diabetes se disparó peligrosamente y el doctor de la Universidad me obligó a hacer reposo.

Miluna, tan amorosa y servicial, me atiborraba de caldos y panecillos al vapor, que traía sin falta, dos veces al día.

La última vez que la vi me dio un beso rápido y tímido en la frente. Se lo agradecí mucho, pues me sentía muy sólo.

Lo demás de los acontecimientos pueden adivinarse fácilmente, sólo diré que Miluna me confesó aquella mañana de donde venía: Wuhan.

Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS