Los «momentos históricos» llevan sucediéndose desde 2008 como una suerte de asedio constante, y uno no sabe muy bien si es que la historia avanza más rápido que nunca o si es cosa de los vendedores de noticias, que ven peligrar su negocio. Probablemente lo segundo.

Pero en fin, parece que esta vez va en serio, que el momento es definitivamente histórico y que nosotros tenemos la suerte de ser sus protagonistas, y claro, hay protagonismos de todos los colores. La izquierda paulocoehlista se apresura a sacarle partido a la situación: «hay que re-pensar nuestro modo de vida», «el universo sin duda está conspirando», «toda crisis es una oportunidad»… Los comunistas ya tienen la prueba definitiva: ¡socialismo o coronavirus! (y no les falta razón); y la derecha, bueno, la derecha culpará al feminismo, o a los chinos, o vete tú a saber…

En algo parecen todos de acuerdo, no han pasado una semana encerrados y la fiebre por los cursos de yoga online y las video-conferencias masivas se ha disparado, no importa que el yoga siempre les haya parecido un aburrimiento total o que la gente que ven a través de sus pantalla les interese más bien poco, cualquier cosa por evitar el vértigo de la soledad. Y lo peor aun está por llegar, a saber: los profetas de la nueva moral, los cazadores de almas, la proclamada revolución de las conciencias…

No me malinterpreten, en realidad es bastante comprensible: no hay nada más complicado que aguantarse a uno mismo. Como ven, a mí me ha dado por ladrar, así que al final va a ser verdad que algo bueno tenía el encierro. Yo me quedo en casa, sí, porque en tiempos de cuarentena no hay quien os aguante, y porque, al fin y al cabo, soy un tipo solidario.

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