CALLE LAÍN CALVO- Burgos

CALLE LAÍN CALVO- Burgos

CARRER DES CORDERS- Barrio Gótico Barcelona

CARRER DES CORDERS- Barrio Gótico Barcelona

CARRER DES CORDERS- Barrio Gótico Barcelona

Caminaba por las calles del barrio gótico de Barcelona, era una noche de febrero primaveral y se dirigía al Carrer des Corders, donde había alquilado una habitación.

Todo a su paso le despertaba los sentidos, esos graffitis multicolores en todas sus dimensiones. Era como si un gran lienzo hubiera abierto sus entrañas, como una puerta a otra dimensión por la que penetraba a través de un largo pasillo, con paredes de balconadas y sus bajos repletos de pequeños negocios habitados por chinos, boulangeries y más chinos, pequeños kebab y de pronto una tienda muy antigua, con libros oxidados llamó su atención.

Estaban apilados en la entrada. Desconectó sus auriculares del móvil y entró en aquél lugar. Una joven inglesa lo saludó en Irlandés.

Esos baldosines de 1920 se fundían con el primer libro de cada pequeña torre que ascendía y se fusionaban como una única pincelada.

Sin querer demostrar que los ojos se le desorbitaban a la par que la cartera le bostezaba y le sugería que ni siquiera lo intentara, se dedicó a escudriñar cada rincón de aquella pequeña, vieja y delicada tienda.

Al fondo, en la última pared y de frente, el mar. Su mar. Pequeños cuadritos de olas le llamaban, cada cuadro una ola, y en su conjunto un pequeño mar.

Aquellos tesoros literarios eran ediciones y autores españoles, custodiados algunos en vitrinas o antiguas alacenas de cocina de madera, desconchada su pintura por el tiempo pero muy actuales por su tendencia vintage.

Robustos cofres y baúles de roble, repletos de pomos y tiradores cerámicos, extraordinariamente exquisitos que le tentaban a tocarlos. Así lo hizo, no pudo resistirse, como si algo mágico fuera a ocurrir por el simple hecho de tocarlos. Junto a los pomos, una ristra de pipas de madera, un espejo desconchado y una cuantas conchas marinas.

Hizo amago de sacar el móvil para fotografiar el conjunto de la magia que observaba. Aquel encanto quería atraparlo, guardar aquél olor en una foto para el recuerdo; pero la irlandesa le seguía. No quería que lo llamasen la atención, así que aprovechó el ir y venir de ella por la tienda entretenida con sus que haceres, para hacer un par de fotografías disimulando que estaba hablando por teléfono.

Una vez conseguido su objetivo, se dirigió al mostrador donde se hizo con un par de tarjetas publicitarias, porque tenía la intención de ponerse en contacto con ellos, cuando el dueño español volviera.

Se hallaba casi en la puerta para salir y regresar a la habitación para descansar, tan solo estaba a dos números de donde se encontraba, dirección calle arriba, cuando pasó un joven corriendo, empujando a los transeúntes mientras estos gritaban y voceaban. Seguramente a alguien le habían robado el móvil y el ladrón salió corriendo, como viene siendo habitual; lamentablemente en ese momento no había policía presente, aunque es muy normal que siempre haya una pareja patrullando.

Le habían advertido de que aquello podría ocurrirle a él. Era una calle con la especialidad en robo de móviles. En aquél instante la magia del cuadro desapareció, tan sólo era una calle del barrio gótico, un lugar donde hay que estar más alerta que abstraído. Ser más desconfiado que ilusionado.

Y sobre aquello iba reflexionando en el tren de vuelta, que le llevaría a su hogar, a su barrio, a su casco antiguo de verdad y más gótico que su propia catedral. Era su calle, Laín Calvo, ese si era su barrio, sus amigos, sus vecinos, sus tapas y sus vinos, una alegría burgalesa que despuntaba como su catedral.

Mañana lunes, todo volverá a su sitio, el cuadro y su encanto habrá desaparecido pero la recarga emocional y creativa se habrá disparado y estará listo para explotar a través de la galería de su vivienda, esa que da a la calle.

Calle llena de turistas, llegados de todas partes del mundo, peregrinos incansables con bastones y pies doloridos, calle que vende castañas, esa calle por donde todos quieren pasar para bailar, para tocar y para manifestarse, donde los niños corretean seguros, los ancianos hacen su recorrido de rigor social y donde los rayos del sol se cuelan a partir de las dos. Todo en orden y bien peinado por el viento del cierzo.

Barrio clásico, barrio elitista, barrio envidiado. Su barrio.

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